David Alonso De la Cruz

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miércoles, 4 de marzo de 2009

Girl with a Pearl Earring. (Johannes Vermeer)

Acerca de Tracy Chevalier.- (1962, Washington DC.)
Curso estudios de lengua y literatura inglesa en el Oberlin College de su ciudad natal. Después de graduarse viajó a Londres en 1984, donde se casó, tuvo un hijo y reside en la actualidad. Trabajó durante un tiempo como editora pero abandonó esta actividad para realizar un curso de escritura creativa en la Universidad de East Anglia. En 1997 publicó su primera novela, "El azul de la virgen", y en 1999, "la joven de la perla", best seller internacional del que no tardó en rodarse una pelicula de similar éxito, dirigida por Peter Webber y protagonizada por Scarlett Johansson y Colin Firth, entre otros. "Ángeles fugaces" (2001), ambientada en la Inglaterra de comienzos del siglo XX, tras la muerte de la Reina Victoria y "La dama y el Unicornio" (2004), centrada en el medievo a través de la iconografía de los tapices, son sus últimas obras.



¿Quién era la muchacha con el arete de perla?

¿Quien es esa muchcacha que parece sonreirnos, bajo un complicado tocado azul, con una perla como único adorno? La modelo que utilizó Johannes Vermeer en uno de sus cuadros más famosos y admirados es un misterio que Tracy Chevalier tomó como punto de partida para escribir una de las mejores novelas históricas de nuestro tiempo: "La joven de la perla".
En ella Griet, una muchacha holandesa de dieciséis años, entra a formar parte del servicio en la casa del afamado pintor Johannes Vermeer. Allí, seis niños malcriados campan por sus respetos bajo la volatíl mirada de Catharina, la mujer del pintor, su madre, María Thins, y una ama de llaves, Tanneke, leal a las dos mujeres que regentan la casa. Griet tiene una manera particular, llena de devoción, de mirar lo que la rodea. Una sensibilidad que, a pesar de la distancia que marca la educación y la clase social, coincide con la de Vermeer. Algo que él ha percibido y que le ha llevado a introducirla en su mundo de artista. La intimidad que crece entre ambos, los rumores que proceden de la envidia de sus iguales, de la lujuria de Van Ruijven, mecenas del pintor, y de los celos de las mujeres harán que, tarde o temprano, llegue el escándalo.





Argumento de la pelicula

Delft, Holanda, 1665. Griet, de 17 años, se ve obligada a trabajar para mantener a su familia, ya que se está hundiendo en la pobreza tras una explosión que ha dejado al padre ciego, y así, incapacitado para realizar su trabajo. La joven cambia de residencia al comenzar a prestar sus servicios como criada en casa del pintor Johannes Vermeer. Pero, éste no es el único cambio para ella. Además de pertenecer a diferentes clases sociales, tampoco comparten su rama religiosa, por lo que Griet, siendo protestante, debe alejarse de las prácticas católicas. Entre muchas de las tareas que tiene que hacer, una es limpiar el estudio de su amo. Es su momento preferido del día en su nueva vida, ya que desde la primera vez que entra a ese cuarto siente una gran fascinación por la pintura de Vermeer. Éste descubre la capacidad de la criada de comprender la luz, los colores y la composicón. Poco a poco, la va introduciendo en su mundo, incluso pide la opinión de sus obras y le encomienda la fabricación de las pinturas. Griet debe buscar tiempo para combinar esta tarea con sus otras obligaciones, y hacerlo a escondidas para que nadie sospeche de ello. Sin embargo, el interés que muestra Vermeer por la joven no tarda en provocar celos en Catharina, su mujer, y Cornelia, una de sus hijas, que intenta conseguir el despido de la criada realizando juegos sucios. Pero la muchacha no sólo despierta el interés del pintor, sino también de Pieter, un joven carnicero, con el que comienza a mantener un noviazgo y que está dispuesto a casarse con ella; y de van Ruijven, el mecenas de Vermeer, que se siente frustado porque a pesar de su fortuna el pintor se niega a pintarlo junto a Griet. Viendo las intenciones de su patrón respecto Griet, Vermeer acepta pintar un retrato de ella para su gabinete privado, para que así sacie su pecado. El tiempo que pasan juntos en el estudio a escondidas crea una relación más íntima entre amo y sirvienta, haciendo que ésta se enamore cada vez más de él. Pero no se siente segura de sus sentimientos. Maria Thins, suegra del pintor, no tarda en darse cuenta de la relación clandestina que hay entre ellos, aun así la permite porque es necesario que pinte cuadros para poder mantener el estilo de vida al que están acostumbrados. Una sirvienta es la protagonista de la película Girl with a pearl earring (en español, La joven de la perla) del director Peter Webber que salió en el 2003. La historia de la película está basada en la novela homónima de Tracy Chevalier e inventa una trama romántica a partir de la vida del pintor, del que existe muy poca información biográfica. La duración de la película es de 95 minutos y además de Johansson cuenta en el elenco con Colin Firth, Tom Wilkinson, Judy Parfitt, Cillian Murphy y Essie Davis. La película, siguiendo la novela, abunda en detalles irreales e inventados sobre la biografía de Vermeer, e incurre en la contradicción de presentarlo como un pintor pobre, pero con criados. Si algo sabemos con certeza es que no vivió de pintar. Y lo cierto es que la hipótesis más creíble sobre la identidad de la Muchacha (o joven) de la perla es que fuese una de sus hijas.




¿Dama o amante? ¿quién era realmente la joven cuyo rostro ha impreso un sello indeleble en la historia del arte? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Gran parte de su pasado es un misterio. Cuando fue redescubierta en 1882 el cuadro estaba sucio y descuidado. “La muchacha con el arete de perla” de Johannes Vermeer, de 1665, es hoy considerada universalmente una obra maestra. A lo largo de los siglos ha inspirado a artistas, escritores y cineastas. Sus labios rojos carnosos, sus ojos vivaces y su mirada fugaz por encima del hombro –como si alguien la hubiese llamado y ella se hubiese dado vuelta– hacen preguntarse quién pudo haber sido. Pero los historiadores del arte no están seguros siquiera de que Vermeer haya usado una modelo. Si acaso existió, la joven pudo haber lucido muy diferente al rostro que se ha popularizado en el ámbito artístico mundial. “No es una muchacha. Es una figura idealizada”, opina Frederik Duparc, director de la galería Mauritshuis que funciona desde 1903. “Vermeer no estaba interesado en hacer una representación fotográfica”. UN LIBRO Y UNA PELÍCULA Un libro y una película sobre esa obra maestra del siglo XVII, un recuento conjetural sobre una mucama pobre que posó para Vermeer luciendo los aretes de su esposa, han aumentado en un 40 por ciento el número de visitantes a la galería. Antes del rodaje, el director de cine Peter Webber hizo varias visitas al museo que se alza detrás del Parlamento holandés en La Haya. Los protagonistas Scarlett Johansson y Colin Firth estudiaron la pintura, de sólo 45 x 38 centímetros, y escucharon las explicaciones de Duparc sobre el dominio de Vermeer de los efectos de luz y tono. El estreno en diciembre también atrajo la atención sobre Delft, la ciudad de Vermeer, a 13 kilómetros de La Haya. Para los holandeses, Delft es más conocida como sede del fundador de la Casa de Orange en el siglo XVI y desde entonces necrópolis de la familia real. Aunque en la época de Vermeer La Haya estaba a sólo una hora de carruaje de Delft –hoy muchos van y vienen en bicicleta–, el artista nunca la visitó. Por cierto, al parecer nunca salió de Delft. Los turistas recorren los senderos medievales de la ciudad donde Vermeer se esforzaba por ganarse la vida vendiendo cuadros. Los historiadores dicen que se ha preservado el 80 por ciento de la entonces próspera ciudad, con sus catedrales góticas y casas con tejados entre canales estrechos atravesados por puentes de piedra. Pero no queda nada de su vida, de la que poco se conoce. Las casas en las que vivió fueron destruidas u olvidadas con el tiempo. MURIÓ EMPOBRECIDO Los visitantes exploran el lugar a la orilla de un canal donde el artista creó su “Panorama de Delft”, un estudio de luz y sombras, nubes espesas, reflejos en el agua y el perfil de la ciudad. Muchas de las casas todavía pueden reconocerse, pero las dos entradas y el muro que aparecen en la pintura han desaparecido. Desde entonces el canal ha sido ampliado. Actualmente, grandes barcazas pasan llevando desperdicios desde La Haya hacia un incinerador junto al mar en Rotterdam. Vermeer murió empobrecido en 1675. No se sabe dónde está enterrado, aunque su muerte quedó inscrita en un registro eclesiástico. En el siglo XX se colocó una placa en el piso de un templo, eclipsada por las lápidas de clérigos y laicos que se ganaron la vida pirateando buques españoles. Mientras contemporáneos suyos como Rembrandt ganaron fama en vida, Vermeer no fue descubierto hasta el siglo XIX cuando emergió la primera de sus pinturas de una colección privada. El cuadro del arete también surgió de la oscuridad. El primer registro de su existencia proviene de 1882 y hoy no tiene precio. El museo se niega a revelar por cuánto lo tiene asegurado en las escasas ocasiones en que lo presta para exhibiciones. Un cuadro de Vermeer recientemente autenticado –el número 36– será la primera de sus obras en salir a la venta en 80 años. La casa Sotheby’s anticipa que el cuadro “Joven sentada junto a una espineta” podría venderse por más de 3 millones de libras (5.4 millones de dólares) en la subasta señalada para el 8 de julio en Londres. ¿Y quién era la muchacha del arete? ¿acaso la hija del artista? ¿la hija del cliente acaudalado que le compraba sus cuadros? ¿o una mucama? “Lo agradable es que no sabemos”, afirmó Duparc. “A todos nos gustan los misterios, ya que nos permiten fantasear. Sería una decepción que lo descubriésemos”.


Una de las fuentes más útiles y amenas sobre la Holanda del siglo XVII es The Embarrassment of Riches: An Interpretation of Dutch Culture in the Golden Age (1987) de Simon Schama.

Lo poco que se sabe de la vida de Veermer y su familia ha sido minuciosamente documentado por John Montias en Vermeer and his Milieu (1989). El catálogo de la exposición de Vermeer organizada en 1996 contiene hermosas reproducciones y análisis lúcidos de los cuadros.

sábado, 7 de febrero de 2009

Un giro radical... revelando mi interior

Lineas y otros apuntes (memoria en la clandestinidad)


-Carta para el Hijo que no Tengo-



Espero en realidad, Estephano, que te guste el nombre que te voy a poner. Lo elegí porque así se llamó nadie acá y porque me parece genial poder decirte Estepha delante de mis amigos (o sea, todos tus tíos de cariño). Espero en realidad, compadre, que me seas sincero; es decir, sé que eventualmente me mentirás para salvarte de un coscorrón, pero trata –por lo menos trata– de mirarme como a uno de tus amigos, porque de hecho tú vas a ser uno de los míos, y más te vale que te vaya gustando esa idea.
Espero en realidad, que no seas llorón, ni heredes mi ridícula estatura, pero eso sí: ay de ti que no salgas con un bonito lunar como el que yo tengo siquiera en la espalda. Espero en realidad también que seas fanático del futbol y seas hincha de ‘ALIANZA LIMA FC’ y me acompañes a verlos aunque sea por la TV con arto bocaditos que nos preparé tu mamá por la tarde sino al menos al estadio algún domingo. Si quieres, hasta compro un palco en el Monumental para reirnos en las propias caras de las gallinas cuando pierdan en su casa. Todo con tal de que no empieces con la mariconada de que prefieras tocar la guitarra o te guste la natación o, peor, el ciclismo. Lo único que podría gustarte más que el futbol es el tenis, porque así podría comprarte un par de raquetas –como hacía con tu tio Mr. Gordillo– y entrenarte para que seas un eximio tenista del barrio (o en el Law tennis, lo mismo daría al fin y al cabo). Espero en realidad, hijo, que tu primera borrachera te la pegues conmigo: sería marravilloso que nos vayamos de juerga juntos y regresemos de madrugada, y tu mamá nos esté esperando molesta y en bata con la zarten por el mango. Más te vale que me hables de sexo y de drogas con la naturalidad con que me podrías hablar, no sé, del colegio o del perro samoyedo que supuestamente te voy a obsequiar cuando cumplas los 8 años.
Espero en realidad, hijo mío, que no me vengas con la pendejada de que tienes alma de Emo o subte o dragqueen o gótico o Punk. Te reventaría la cresta de un par de cocachos, por decir lo menos. Espero en realidad, Estepha, que no seas escritor ni mucho menos periodista. Desde que tengas dos años, en vez de leerte esos calzonudos cuentos de hadas como Cenicienta, te voy a leer teorías de Economía y Medicina, profesiones rentables que te harán millonario. Ya me lo agradecerás.
Pero sobre todo, hijo, espero en realidad que nazcas algún día, porque aunque no se lo digo a nadie, ni a mi sombra ni a tu madre (que, como tú, aún no tiene el desagrado de conocerme todavía) hay algunas noches en que me miro al espejo, parado en el medio del silencio de esta paupérrima soledad y pienso en tu Tia-abuela Vitita, y sospecho que yo, francamente, también podría ser algún día un papá de puta madre.

martes, 5 de agosto de 2008

"300": Película sobre la batalla de Termópilas

La verdadera izquierda de Hollywood


El filósofo esloveno analiza las implicancias morales e ideológicas de la película “300”, que narra la historia de los trescientos espartanos que se sacrificaron para impedir la invasión del ejército persa. Contrariamente a las interpretaciones que el film suscitó, Zizek cree ver que la trama pone a los espartanos –con su disciplina y espíritu de sacrificio– más cerca de los ejércitos de resistencia árabes que del espíritu chauvinista estadounidense.
Llamado. “En esta época de permisividad hedonista como ideología imperante, ha llegado el momento de que la izquierda se (re) apropie de la disciplina y del espíritu de sacrificio. En estos valores no hay nada intrínsecamente ‘fascista’”, arenga Zizek. El filósofo advierte en la película una línea de conducta a seguir, a diferencia de los que vieron sólo propaganda norteamericana.La película 300 de Zack Snyder, la saga de los trescientos soldados espartanos que se sacrificaron en las Termópilas para impedir la invasión del ejército persa de Jerjes, fue atacada como el peor tipo de militarismo patriótico, en una obvia alusión a las tensiones recientes con Irán y los sucesos en Irak. ¿Pero en realidad son tan claras las cosas? Más bien, habría que defender la película a toda costa contra esas acusaciones. Hay dos puntos que debemos considerar; el primero tiene que ver con la historia misma. Se trata de la historia de un país pequeño y pobre (Grecia) que ha sido invadido por el ejército de un Estado mucho más grande, y más desarrollado en esa época, que además cuenta con una tecnología militar de avanzada. ¿No son acaso los elefantes persas, los gigantes y las enormes flechas de fuego la antigua versión de las armas de alta tecnología? Cuando el último grupo de sobrevivientes espartanos y su rey Leónidas mueren bajo los cientos de flechas, ¿no son de alguna manera bombardeados a muerte por tecnosoldados que manejan armas sofisticadas a distancia, al igual que los soldados estadounidenses que oprimen botones de cohetes desde lejos, en barcos de guerra bien protegidos en el golfo Pérsico? Además, las palabras de Jerjes cuando pretende convencer a Leónidas de que acepte la dominación persa no parecen de ningún modo el discurso de un fanático musulmán fundamentalista; trata de someter a Leónidas a través de la seducción, pues le promete la paz y los placeres sensuales si se une al imperio global persa. Lo único que le pide es el gesto formal de arrodillarse ante él, de reconocer la supremacía persa. Si los espartanos hacen esto, se les otorgará autoridad suprema sobre toda Grecia. ¿El presidente Reagan no le exigió lo mismo al gobierno sandinista de Nicaragua? Sólo tenían que decirle “Hola, Tío” a los Estados Unidos… ¿Y no muestran la corte de Jerjes como una especie de paraíso multicultural abierto a diferentes estilos de vida? Todos participan en orgías, diferentes razas, lesbianas, gays, tullidos, inválidos, etcétera. Entonces, ¿los espartanos, con su disciplina y espíritu de sacrificio, no están mucho más cerca de los talibanes que defienden Afganistán contra la ocupación estadounidense (o, de hecho, de la unidad de elite de la Guardia Revolucionaria Iraní, dispuesta a sacrificarse en caso de una invasión estadounidense)? El arma principal de los griegos contra la avasalladora superioridad militar es la disciplina y el espíritu de sacrificio… Y para citar a Alain Badiou: “Necesitamos una disciplina popular. Diría incluso… que ‘aquellos que nada tienen sólo tienen su disciplina’. Los pobres, los que no cuentan con medios financieros ni militares, los que carecen de poder, lo único que tienen es su disciplina, la capacidad de actuar en conjunto. Esa disciplina ya es una forma de organización”. En esta época de permisividad hedonista como ideología imperante, ha llegado el momento de que la izquierda se (re)apropie de la disciplina y del espíritu de sacrificio: en estos valores no hay nada intrínsecamente “fascista”. Pero esa identidad fundamentalista de los espartanos es aún más ambigua. Una declaración programática hacia el final de la película que define la agenda griega como “contra el dominio de la mística y de la tiranía, hacia el brillante futuro”, detallada más adelante como el imperio de la libertad y la razón, parece un programa elemental de la Ilustración, ¡incluso con un sesgo comunista! Recordemos, también, que al comienzo de la película Leónidas rechaza de pleno el mensaje de los “oráculos” corruptos, según los cuales los dioses prohíben la expedición militar para detener a los persas. Como nos enteramos después, los persas habían sobornado, en efecto, a los “oráculos” que, al parecer, recibían mensajes divinos a través de un trance extático, al igual que el “oráculo” tibetano que, en 1959, le transmitió al Dalai Lama el mensaje de que debía salir del Tíbet, y que –como sabemos hoy– ¡figuraba en la nómina de la CIA!
¿Y cómo entender el aparente absurdo de la noción de dignidad, libertad y razón, basada en la disciplina militar extrema, que incluía la práctica de eliminar a los niños débiles? Ese “absurdo” no es otra cosa que el precio de la libertad: la libertad no es gratuita, como aparece en la película. Se reconquista a través de una lucha ardua en la que es necesario estar dispuesto a arriesgarlo todo. La despiadada disciplina militar espartana no es simplemente lo contrario de la “democracia liberal” ateniense; es su condición inherente y constituye sus cimientos: el sujeto libre de la razón sólo puede emerger a través de una cruel autodisciplina. La auténtica libertad no es la libertad de elegir que se ejerce a prudente distancia, como optar por una torta de frutillas o por una torta de chocolate; la verdadera libertad es inseparable de la necesidad. Hacemos una auténtica elección libre en el momento en que la elección pone en juego nuestra propia existencia… y la llevamos a cabo porque, sencillamente, “no podemos hacer otra cosa”. Cuando nuestro país se halla bajo ocupación extranjera y nos convoca el líder de la resistencia para que nos unamos a la lucha contra los invasores, la razón que nos da no es “eres libre de elegir”, sino “¿no te das cuenta de que esto es lo único que puedes hacer si quieres conservar tu dignidad?”. No sorprende, pues, que todos los radicales igualitarios y precursores de la modernidad, desde Rousseau hasta los jacobinos, admiraran a Esparta e imaginaran la República Francesa como una nueva Esparta: hay un núcleo emancipatorio en el espíritu espartano de disciplina militar que se mantiene y perdura, aun cuando le restemos toda la parafernalia histórica del régimen de clases, la explotación brutal de los esclavos sometidos al terror, etcétera. Mucho más importante es, quizás, el aspecto formal de la película: se filmó en su totalidad en un depósito de Montreal; el paisaje y varios de los personajes y objetos fueron construidos digitalmente. El carácter artificial del fondo parece contagiar a los actores “reales”, que a menudo parecen personajes de historieta (la película está basada en la novela gráfica 300 de Frank Miller). Además, la naturaleza artificial (digital) del ambiente genera una atmósfera claustrofóbica, como si la historia no sucediera en la realidad “real”, con horizontes infinitos e ilimitados, sino en un “mundo cerrado”, una especie de mundo en relieve de un espacio cerrado. Desde el punto de vista estético, la película es superior a La guerra de las galaxias y la serie de El señor de los anillos: a pesar de que también en esas series varios objetos y personas fueron creados digitalmente, la impresión que causan es, no obstante, la de actores digitales (y reales) y objetos (elefantes, Yoda, Urks, palacios, etcétera.) ubicados en un mundo “real”; en 300, por el contrario, todos los protagonistas son actores “reales” ubicados en un fondo artificial; la combinación produce el efecto de un mundo “cerrado” mucho más siniestro, una mezcla “cyborg” de personas reales integradas en un mundo artificial. Pero sólo en 300 la combinación de actores “reales”, objetos y fondo digital llega a crear un espacio estético autónomo y nuevo de verdad. La práctica de combinar artes diferentes, de incluir en un arte la referencia a otro, tiene una larga tradición, en especial con respecto al cine; por ejemplo, en muchos de los cuadros de Hopper, cuyo tema es el de una mujer detrás de una ventana abierta que mira hacia afuera, es clara la mediación de la experiencia del cine (muestra un plano sin su contraplano). Lo que hace notable a 300 es que, en esta película (y no por primera vez, por supuesto, pero de un modo mucho más interesante desde el punto de vista artístico, que, digamos, el Dick Tracy de Warren Beatty), un arte técnicamente más desarrollado (cine digitalizado) remite a uno menos desarrollado (la historieta o cómic). El efecto logrado es el de la “verdadera realidad” que pierde su inocencia y aparece como parte de un universo artificial cerrado, es decir, la figuración perfecta de nuestra problemática socioideológica. Los críticos que sostienen el fracaso de la “síntesis” de las dos artes en 300 están, pues, equivocados, y precisamente porque tienen razón: por supuesto que falla la “síntesis”, por supuesto que el universo que vemos en la pantalla está atravesado por un profundo antagonismo y una gran inconsistencia, pero ese mismo antagonismo es el signo de la verdad.

Traducción del inglés: Luz Freire.

lunes, 4 de agosto de 2008