David Alonso De la Cruz

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jueves, 24 de noviembre de 2011

Hoy fué un día especial, comenzé a DESINTOXÍCARME de tanta gente mala, aprendí a perdonar.

“Oda en La menor”

¿Y en que época floreció esa pasión? Fue ya antes, mucho antes
¿Y cómo creció el amor? Fue durante el otoño estival,
con él maduró el mundo agónico en sus quimeras tristezas,
Yo no le aguardaba, ya;
sin embargo llegaste alegre,
sobre el hilo de un número desconocido,
ligeramente desconcertada pero ligeramente feliz,
por la intuición de devolverme la llamada.
Resbalando en lo blando del tiempo,
y entre sus estrechas curvas femeninas,
contemplé la blancura de su piel
como la nieve de Öland.
¡Que hada más hermosa!
me pareciste aún, vívida, inmaculada,
sonriente con la timidez desbordada en esos hoyuelos
como reflejar quisieran
las nubes de un cielo nipón,
taciturna, frente a la luna enmudecida, aún niña,
prematura en el crepúsculo ladino,
graciosa en aires dorados;
cómo tú no hay dos acordes rítmicos que fluyan,
el azul rubor, como un beso oculto entre el carmesí,
con dientes marfil desvelando amor impaciente,
doy las gracias por llegar así; abobada y ardiente.

“Vaguedad I”

Tus atardeceres breves,
el hielo pálido quebrando la luna imperceptible
y un sol latino ajeno,
que nunca más volveré a contemplar transfigurado.
Tus calles al borde de una filuda navaja,
el murmullo de esos seres imaginarios,
golpeándote, sarandeándonos,
deseandoque terminemos adheridos a los rieles del metro a Slussen.
Los laberintos endemoniados, de tus autopistas lastimando mis sentidos,
atropellando las esperanzas humildes;
¡Luz verde, luz ámbar, luz muerte, luz roja!
cruza ahora que ahí viene el trailer scania,
¡Libera tu esclavitud latina!
Hay más vida en Skogskyrkogården.
Que en el mismo centrum.
En tus lagos y bosques es más fácil hallar la compañía,
que en la multitud de tu parque central.
Y el mar que te rodea yacen los vikingos que fueron;
Hay más riqueza espiritual,
en el fondo de las cloacas,
que en la flaqueza desmedida de tus åhlens.
Hasta cuando seguirás despertándomecon la indiferencia de tu frío.
¡Espera! Allí vienen de nuevo;
con sus falsas vestiduras ceñidas al cubiertode su hablar meloso;
Ya pasaron. Y ni notaron mi errante sed por la palabra.
Es este sortilegio que debí romperen la pobreza de mi fe,
por que aquí en medio de tus abobadas arquitecturasasfixiándome,
consumiendo mi vaguedad de a pocos,
como esos árboles tupidos que hay en tus caminos mundanos,
ni tu pueblo te creé ya; que puedes darle algo mejor que un Paraíso,
porque tu no eres la esperanza prometida,
simplemente tu eres Estocolmo.
La babilonia moderna,
y así te quedarás por el resto de tus días,
bajo el despunte de la aurora boreal,
con un nombre que nos causa pavor, y a la vez resignación.


11 de Octubre de 1994. Boden (Extremo norte de Suecia)





“Vaguedad II”


¿Qué no existe el tártaro?
Entonces......
De que son estas plazuelas insurrectas donde seres empobrecidos de amor con una botella de alcohol,
Apenas adquirida del systembolagen,
van tumbando ángeles de nieve.
¿Qué no existe el tártaro?
Entonces......
¿Qué hago creyéndome que respiro?
Cuando en realidad,
¡El suspiro se me resquebraja de un tiro!
Errante mano que busca abrigar un consuelo ajeno;
Vagando hacia Nordkalotten sobre lomo de reno,
Hundiéndose sobre nieve de panteones romanos nieve que te cubre de a pocos;
que lacera como la hiel del inicuo, fría, áspera, traicionera,
entonces.....diré;
contemplando con lágrimas de sal,
el murmullo de un lago,
¡Que mi alma se marchita ya!
¿Es este un escenario ficticio que le pertenece a todos los demás?
Todos los demás que no creyeron haber muerto desde el instante que llegaron por el azahar aquí, incorruptos,
ávidos de justicia,
sobre un cielo celeste cubriéndole la cruz dorada,
de su bandera.
Y me dices blasfemando que no existe el Tártaro,
Entonces..... Dime,
¿Dónde mas nos encontramos feneciendo?


Re estructurada por David Alonso, 12 de Noviembre de 1994. Boden- Sverige.





" Creadora Consciente " (Mente Suspicaz)


No me preguntes, ¿cómo fue?
Tu subconsciente afloró de lo rincondito
Tu fe surcó el vasto confín de lo ilimitado
Atrayéndome hasta este pequeña planeta.....
en medio de tanta soledad.
Yo aquí, mezclándome entre mundanos seres.
¡Buscándote!.....
me atrajiste como un imán persa;
más siento tu presencia presa,
cuál vahio estrellado sobre el cielo azulado;
buscándome entre estrella y estrella.
Supe todo lo tuyo,
desde antes que nacieras,
pues tú me creaste con tu imaginación,
soy producto de tus tormentosas melancolías,
puedo sentir tu agónico halo fenecer,
por la presión incrédula de tus terrestres creadores;
puedo oír tus gritos de silencio;
puedo contemplar quedo;
tus sollozas visiones de aquél pueblo Celta.
cuanto más tu energía pura me atrae,
cuál dédalo, comunicarte conmigo entre los laberintos del tiempo podrás pero;
así me niegues tantas veces; hoy,
siempre existirá el mañana,
que yo aquí parado en la oscuridad infinita:
Espero.
Me atraerás de extremo a extremo,
correré hacia ti pero;
ahora me dejas en este lugar,
!Que yo de el nada sé!
por tus temores será y siento tu alma quebrada,
a causa de los temblores de todos tus tiempos idos,
sólo tú sabes bien que puedo hacer yo...,
aquí oculto entre la multitud de los que fueron y serán;
ya sea incrédula,
consciente de compartir soledades
y una mente suspicaz lo podrá entender todo lo nuestro que fue.


7 Noviembre-89,Martes.

“Sutilezas”

Vuelve a empezar, aunque el cansancio te encuentre,
aunque el triunfo huya de ti,aunque un error humano te lastime,
aunque una desilusión sobre el alma quiebre tu corazón,
aunque una traición escocesa te hiera la bravura humilde,
aunque una sutileza se apague,
aunque el dolor queme tus ojos,
aunque ignoren tu amor,
tus caricias, tus suspiros,
tus fuerzas por vivir,
aunque la ingratitud mundana y soberbia apague tu cariño,
aunque la incomprensión corte tu risa,
aunque todo parezca nada,
¡Vuelve a empezar!
ama... porque el amor es sutil,
ligero de cargas, de los apegos,
el amor verdadero no pide nada,
cuando el amor este presente,
vuelve a empezar,
aunque nada reste por hacer.




“TRILENIUM” - Oda a Deborah-THX-


Acordes sintéticos simetría binaria,
estridente compás en éxtasis.
Acordes sintéticos,
ritmo anoréxico: show me the right way.
sensación de éxtasis,
alegría plástica.
Surrealismo siglo XXI
Éxtasis que comulgo,
cada noche etérea,
Éxtasis que libera mis neuronas vía modem;
alegría plástica, simetría binaria;
te deseo tanto como tú al neón.




“Lima, que se va”


¡Debo.... quizás a un Dios Celta,
el conjuro lánguido de mi canto!
Tu ciudad lleva vientres las calles ovarios concebidos pero la indiferencia de su gente,
aborta el fruto de cada día.
Sobre San Miguel,
teñida de neblina un pobre elfo cantaba:
“Que aquí abajo lunecía”.
Un crápula como rey en tu comuna devoraba,
alejando a sus súbditos en demasía sobre una ciudad empañada de hipocresía Lima,
Lima, donde boga el horror del pérfido veneno de tu vía expresa
¡Y un Arcangel que despierta ante las tupidas noches de orgías de tus centros nocturnos!
Entre cenizas de una Lima que se va queda en San Miguel
un bache que cubrir ante el conjuro de un Dios hispano,
un lupanar alumbra tus costas en vano.
misterioso y grave es el vivir en tus calles de vergel que si por ahí un fauno te preguntase ¿Quieres morir?
Entonces,
como la sombra de los cuervos pon tu vida en manos de algún sereno de San Miguel.
La enfermedad esta girando ¡Lima, Lima!
¿Cuándo despertará del sueño el prometido que te limpie de una vez por todas de tu hechizo electoral?
¡Que en cada cuatro años como luna de Endor encandila con quimeras utopías!
Si el hijo del hombre renaciese,
moriría una vez mas bajo la mortal velocidad de un beodo conductor.
¡Lima, cambia!
Donde mi alma se escondió no hay más que islas llenas de recuerdos élficos.
¡Lima, ciudad de chacales y coyotes!
¡Lima, ciudad de golfas y lobas!
Dejé tu nombre escrito con la primera sílabade este lastimero canto.




“Mujer oriental sobre campos de Osaka”

En los confines orientales donde Saga la Diosa te acobijó,
eras la codicia del más blanco de todos los marfiles,
este es el sacro recinto;
donde todo un ejercito druso cayó rendido ante tu oriental presencia.
Me recuerdas a la diosa Annabel de la lejana Vinländ
Tu belleza creada a imagen de una Diosa manchuría,
encandiló hasta los búcaros de agua fresca,
tu suave cuerpo,
cálido como leche de reno apetece hasta al más sosegado mozalbete
¡Tus pies finos cual exótico encanto!
Y tu cadera consentida de niña invita a la profanación,
por lamer con sed de guerrero samurai,
tu clítoris de porcelana oriental,
tu espesa cabellera azabache sobre esos dos firmes senos que se abanican con sensatez son esclavos de tu gloria.
Como cazadora de Endor,
caminas alta y esbelta,
siempre a punto,
mientras yo aquí heme entonando el himno oriental que te lleve a la victoria.
¿Quién, sino yo?


Escrito frente al lago Mälaren al Sur de Vasterås, Suecia. Tras una “Epifanía” febril en pleno otoño escandinavo, (fines de Octubre año 1996).


*Para los que quieran escribirme para contactarme, pueden hacerlo en:
delacruzmarin@gmail.com

lunes, 10 de enero de 2011

El recuerdo siempre quedará impregnado en mi alma

Cuando Madonna, te hacía recordar tu infancia...y yo no sabía nada de aquello.

























Hace exactamente tres años, que debimos seguir amándonos o mejor dicho yo recordando con una sonrisa inmensa como el azul cielo que cubre la inmensidad de Magdalena del Mar, un día como hoy, 12 de enero, caluroso y despejado que nos volvimos a encontrar despúes de tantos años de separación mediática, como cuando Sir Justin llegó al hogar vació que tuve allá por los meses del 2000, o mejor dicho de "polizonte", metiéndolo entre mi mochila, y cuando Irene, mi hermana mayor pegó un grito al verlo, sobre el piso de la cocina tomando leche tibia del mismo plato que ella usaba creo para almorzar.
Y te recuerdo a tí, porque fueron tus hermanos que me confirmaban lo bien que te divertías con ellos cuando eras la "princesita" de la casa y tus padres amorosos (sobre todo tu padre) con nostalgía tenían que dejarlos a ustedes encerrados en la casa de San martín de Porres, mientrás ellos iban a trabajar. Pero ustedes si que sabían pasarla bien en la casita, jugando pelota, al acertijo (Buscando tesoros con notas escritas en papelitos), y una que mil travesuras dignas de tu infancia diáfana que conservo como mías vividas, mientras en ese mismo tiempo yo al lado no hacía mucho con Sir Justin el encantador samoyedito que en casa nadie querían que yo tuviera como mascota, o mejor dicho no estaban dispuestos a concederme el anhelo de compartir nuestra casa con un perrito recien nacido, que compré en una veterinaria del Jockey Plaza.
Fuiste tú quien, como cualquier chica de doce años, se aventuraba a escuchar desde el balcón la música estridente de la discoteca que había al frente de tu casita, cruzando la avenida Perú, y desde allí embalconada cuidabas de tu hermano mayor en el momento que cruzaba la pista para entrar a ese recinto y no regresaría sino más tarde, por la madrugada ebrio y tú ya estabas abrazadita a tu almohadita y abrigada calzando tus calcentines blancos de lana bajo tu colcha fucsia.
- Mi hermano el gordo Gutierrez es lo máximo – exclamabas con tus ojitos divinamente coquetos mirando al cielo, lo comentabas graciosísima varias veces, cuando te pedía que me volvieras a contar lo mucho que se divertían los tres en tu casa todos los viernes por la noche.
Y, así fué, de todas las mil y unas cosas que me contabas, la más divertida era aquella que te subías a la cama, vestida con trapitos, ropa vieja y todo lo que encontrarás simulando ser madona, mientras tu hermanito, con su tocadisco de cajita portátil ponía a tocar su longsplay (esos discos grandes de vinilos y duros antiguos de los años ochenta) pensando que era un concierto majestuoso de la reyna de la música pop. Y tú toda coquetísima inmaculada cantando, emulando con microfo en mano sobre el escenario, mientras tu hermano mayor simulaba ser el que vendía la canchita entre el público asistente, en los "cortes", mientras te ibas a tu dormitorio para cambiarte de vestuario para la otra canción, que el gordito Gutierrez, muy habilidoso seleccionaba como experto DJ a sus 18 años de edad. Desde entonces manos a la obra, todos los fines de semana había concierto con estadio lleno alrededor de la cama de tu hermano. Y la música lo más ruidosa posible que la portátil tocadiscos pudiera subirsele el volúmen, podían pasarla entre ustedes tres, bailando al ritmo de Madona. Mientras que yo, en esos instantes, lejos pero cerca ponía en marcha mi plan para que Sir Justin se quedara en nuestro hogar. Pero que no fue necesario porque, Sir Justin con habilidades casi humanas, comenzó adueñándose de la casa y de los corazones de mis tres hermanas mayores, incluso la de Mina, la más dura de roher. ¿Por qué digo que con habilidades casi humanas? Porque Sir Justin no era un perro normal. Es más, estaba completamente seguro que no él no sabía que era un perrito. No se había enterado.
Siempre te prestaba mucha atención, cuando me narrabas con lujos de detalles de lo bien que la pasaban y yo atento sin pestañar pero con una sonrisa a flor, radiando dicha, disfrutaba el momento como si yo también hubiera estado allí, admirando a la Madona de Magdalena del Mar. En zona VIP, primera butaca, pero parado aplaudiéndote sin cansar.
Los días de semana de diversión, o misión de vida a la que el destino te había legado era única en tu infancia, y en efecto así lo fue y me alegro mucho por ello. Parecía estar basada en que la prescencia de tus dos hermanos fuera un regalo de una madre protectora divina hasta esperar que llegase agotada tu mamá abnegada y amorosamente cansada de tanto trabajar de pie como maestra enseñando a sus alumnitos de primaria y con sus tacos número ocho, del colegio de frente a la casa, para comer algo del almuerzo del día, que ustedes preparaba con mucho entusiasmo y cariño.
Mientras yo con mi hijo "putativo" parecía que él solía medirse más y congeniar con Lidia, mi hermana intermedia, a pesar que fue Irene Vitalia, la del grito al verlo por primera vez comer de su plato, la que más dulces le regalaba. Pero poco a poco fue encontrando la manera de hacernos sentir que él no sólo era parte de la casa sino el rey de la casa, faltaba su trono, pero a falta de sillón real, estaba su lindo chalet que mi hermana Mina un día con su pensión de militar, le compró para él solito, un lindo chalet al que pintamos un sábado por la tarde de color rojo y verde.
Pronto me sorprendí viendo a mi hermana Lidia amarrándole chalinitas al cuello, más preocupada por su abrigo que por el de ella, aún en pleno otoño. Pronto Sir Justin fue armando su propio closet con casaquitas y chompitas de distintos colores y texturas, al punto que, una vez terminada la temporada, tenía que hacer donación para los perros pobres de la calle sucre.
Luego tú me contaste que una vez un perro de enormes proporciones te correteó a lo largo de tres cuadras, pero nunca te alcanzó, porque corriste como quíen ve a satánas calato, y gracias a tu agilidad, te salvaste de sus lenguetazos y es que el perrote enorme que te corretió, fue un samoyedo adúlto, juguetón y nunca viste como movía su rabo de contento, porque al verte correr, pensó que estabas jugando con el alegre samoyedo. Es que llanamente así son ellos, no tienen malicia canina ni instinto salvaje, ellos son los únicos de su raza que no saben que son perros. Y tú te diste la carrera del siglo, y tu mamí con el corazón en la boca, tocándose el pecho, asustada con los colores sobre su hermoso rostro agitado de verte salir corriendo despavorida al bajar del auto de tu padre, cuando sin querer inocentonamente lo llamaste al enorme perro. Con el final acaecido.
¿Por qué (me preguntaba sobre todo, yo echado en mi cama) Sir Justin logró conquistar a mis hermanas al punto de llevarnos a hacer cosas insólitas? Cosas extravagantes como por ejemplo lo de la chalinita, o la elección de su nombre de pila, exceso que lo atribuyo a mi mismo, pues muchas veces lo veía ahí contemplándome, esperando que le dijiera; -¡Justin coje tu cadena vamos a Magdalena!- También llegué a sentir que él fue durante mucho tiempo parte de la rutina familiar.
Es muy fácil, ahora que te recuerdo y evoco la memoria de mi hijo mascota, antes que una bandada de mocosos irreverentes se atrevieran a envenenarlos, hechándole bocado tras las rejas de mi cochera, cuando una tarde soleada de primavera, los dejé salir al patio para que se refrescaran, con su hija Lady Vanessa y ambos murieran sin poder darme cuenta a tiempo de ese acto criminal. Hay en todo ello ciertas actitudes y han ocurrido ciertos sucesos en nuestras vidas que han terminado definiendo las doce razones por las que se me va hacer crudo y difícil olvidarme de tí, de tus conciertos como madona mientras, Sir Justin crecía al lado mio, en mi vida vacía que él me la lleno con tanto amor incondicional humanizándo mi propia existencia:
1. Su mirada pura y el color de ojos, chocolate almendrados.
2. Las mil y millones de veces que solíamos irnos de atracon a cuantos restaurantes o pollerías, heladerías, snack bars y chifas terminabámos comiendo toda clase de alimentos (incluso pensando en llevarle algo a mi hijo Justin, pero tú me aconsejabas que era malo para su estómago).
3. Su primera vez de mi Justin, fue a su edad madura, como yo; y encima su "novia" tuvo que venir a nuestra casa, para que se dejara pisar (para mi mala fortuna) la dueña de su "novia" vivia alrededor de un parque de drogadictos y me timó con los cachorro, más tarde supe que nacieron seís cachorritos y ella me negó a todos aduciendo que había abortado. Vieja sinverguenza.
4. Como consecuencia de ese "aborto", ambos quedamos traumatizados, y tú fuistes muy consciente de ese hecho, y supiste apoyarnos a ambos, de manera muy gentíl y amorosa (meses más tarde conoció a su segunda "novia" la cual le dió cuatro hermosos bebés samoyeditos, una de ellos sería Lady Vanessa, la que nos ganó el corazón a toda la familia y optamos por conservarla con nosotros, ya eramos una familia entera, Justin, tú, la bebé Vanessa y yo con mis tres hermanitas).
5. Nunca tuvieron un entrenador de perros (esa raza de perros no sirven para eso, porque siempre terminan haciendo lo que ellos quieren al igual que a tí, lo cual suponía que equivalía a una terapia psicológica, urgente de ustedes, antes que fuera demasiado tarde) .... Y que en efecto fue demasiado tarde, hoy ya no estas a mi lado debido a tu incontrolada ansiedad y yo a mi testarudez de gritón pero nunca celoso de nada ni de nadie, solo precavido por las circunstancias de esa sociedad mala, la misma que enveneno a mis perros.
6. Por supuesto, no aprendimos nada de nada, de como amar a esos lindos animalitos de Dios, aún cuando un día saliendo de tu trabajo ¿te acuerdas? Vimos un samoyedo aparentemente vagabundo, y tú tan linda y bella, corriste buscando una veterinaria abierta a las 4pm, tres cuadras más abajo de tu colegio donde trabajabas como profesora nombrada; para comprar ipso facto, una correa y llevarnoslo a la casa, a pesar que teniamos que ir a matricularte porque habías ingresado a la San Marcos para tus clases de post grado. Por eso cada vez que suena el timbre de la casa, ó ladra un perro corro a la ventana pensando que eres tú que viene con Justin resucitado y trayendo barquillos de helados "Frío rico" para los tres.
7. Le querían castrar, su doctora decía que una vez que ha pisado, deberían castrarlo, yo me embrabuqué y fiel a mi estilo, salí vociferando del consultorio veterinario gritando que al que van a castrar fuera al abuelo de la doctora y nunca más regresamos a su consultorío, y más bien del susto, quedé yo con una "impotencia viríl" involuntaría por varias semanas en clara defensa y apoyo con nosotros los machos ALFAS.
8. Semanas después de que entrarás a trabajar en ese colegio Mozartino, vino la experiencia esa tuya de irte a la cevicheria "El jibarito" por que otro "perro" humano dizque "alfa" venía ya medianamente a querer orinar en terreno propio, y yo quedé peor aún destrozado con los recuerdos de tu infancia.
9. La noticia fue tomada con calma por parte de mis dos única hermanas (en el transcurso de ese año, tú bien sabes lo mucho que nos apoyastes moralmente cuando falleció Irene Vitalia debido a su diabetes, ya con las sorpresas que nos habías dado a todos, tu familia y mis dos hermanas, no fue tan duro pasar los cuatro meses llorando, como cuando mis consentidos se fueron al cielo de los perritos).
10. Me permití una noche de excesos, en la que tomé con whiskie un par de tiras de Clonazepam para dormir que compré en la farmacia DEZA, a pocas cuadras de tu casa en Magdalena del Mar. Cómo para soñar que vivía con ustedes y que resultó solamente en dormir tres días enteros y despertar con una depresión horrible.
11. No recordar tus momentos felices, sobre todo esos cuando sólo tu prescencia iluminaba el vacio de amor que había en mi casa, cada vez que tú venías mis hermanas estaban tan felices, y eso nadie lo hiso, en serio nunca nadie lo había logrado, bueno en fin sí, sólo Justin y su hija, lo cual parece otra prueba de que aún no te enteras de que eres más humana que el recuerdo del amor de mis dos mascotas hacía mi ser.
12. Aún ahora, sólo queda "El adíos" pero la tierna sonrísa tuya en mi memoria para el bien y nada mas. Amor no puede haber donde jamas pudo brotar. Y las fotos con Sir Justin y Lady Vanessa dicen por lo contrario: Cuanto extrañamos a la Madona de Magdalena del Mar, ¡foto!, ¡foto! - Y la imagen tuya viene como prescencia al instante por todos los hermosos recuerdos de tu infancia y ellos enseñándo los filudos colmillos a modo de gentíl y mimada sonrisa de extremo a extremo. De ello hay pruebas para el bien.


Written by David Alonso De la Cruz.
















*Para los que quieran escribirme, pueden hacerlo en:
delacruzmarin@gmail.com

viernes, 17 de diciembre de 2010

¡Los chilenos y algo más textos en exilio emotivo...!!

Echado en su cama del hotel Ritz, agobiado de ver los programas de bailes simiescos en la televisión chilena, harto de ver los noticieros que hacen alarde de algún mínimo triunfo deportivo de algún chileno en alguna competencia internacional, apelmazado por las noticias espesas de El Mercurio y levemente irritado por el aire arribista y trepador de La Tercera, hastiado en fin del aire chileno enrarecido que respira a la espera de que aparezca su víctima más preciada, esa mujer esquiva y misteriosa, Alma Rossi, que no aparece y que tal vez nunca aparecerá, Javier Garcés piensa que no tiene nada en particular contra los chilenos, pero tiene mucho en general contra los chilenos. No he sido nunca un peruano con fobia a lo chileno, lastrado por el viejo rencor de la guerra perdida, acomplejado porque ellos prosperaron y nosotros seguimos rezagados y debatiendo con aspereza asuntos que ellos ya zanjaron con inteligencia. No soy antichileno, se dice Garcés. Pero estos días en Santiago, unos días en los que ya he matado a dos chilenos con tan exquisita fruición, me han permitido tener una percepción más exacta de lo que son en promedio los chilenos, y me han permitido por tanto sentir que los chilenos naturalmente me caen mal, aunque no tan mal como mis compatriotas, los peruanos. Pero los chilenos me caen mal, esto está claro ahora y no estaba claro antes, cuando solía venir a menudo a Santiago, a Viña, a Cachagua, a Valparaíso, a Zapallar, a presentar mis libros y dar conferencias sosas. Me caen mal porque son falsos, hipócritas, fariseos, taimados. Me caen mal porque simulan ser conservadores cuando son libertinos. Me caen mal porque fingen ser honrados cuando son tan tramposos como los argentinos (sólo que más discretamente). Me caen mal porque son por naturaleza pérfidos, desleales. No puedes creer en ellos. No te dicen nunca lo que están pensando. Te dicen algo retorcido y fraudulento para obtener algún beneficio generalmente monetario. Les gusta demasiado el dinero. Venden a su madre por dinero (yo no vendo a mi madre por dinero porque la amo y porque vivo del dinero de mi madre, que es una razón más para amarla). Son trepadores, arribistas, y lo peor es que han trepado y ya se sienten más arriba que los demás y te miran para abajo. Y si bien han sabido hacer dinero y sobre todo ahorrarlo, esconden dos defectos que me resultan particularmente despreciables: son avaros, tacaños, miserables, son roñosos, son trémulos y cobardes para gastar, guardan la plata por falta de audacia, por pusilánimes, porque piensan en su jubilación, no en darse la gran vida, como los argentinos, que no ahorran un carajo pero se divierten mucho más. Y luego me irrita que los chilenos miren ahora para abajo a sus vecinos sólo por esa sensación de bonanza que los embarga cuando antes debieran mirarse al espejo. Perdón por la franqueza, pero si elijo a un chileno al azar, es feo, es un guiñapo, es un enano contrahecho, es sujeto de facciones como cuchillos afilados, es feo como una patada en los testículos. Y a pesar de eso, se sienten lindos, se sienten regios, se sienten estupendos, se sienten Primer Mundo. Primer Mundo, los cojones. Son sólo una tribu más, una tribu como la argentina, como la peruana, como la uruguaya, sólo que, como les da miedo divertirse y gastar el dinero, como ahorran por instinto conservador, son ahora una tribu pujante que sale a comprar negocios en las tribus vecinas. Pero eso no los hace mejores, los hace más odiosos porque se permiten un aire de superioridad, una mirada condescendiente, y son sólo unos rotos culiaos, con perdón por la ordinariez. No tengo nada contra los chilenos en particular, y tengo amigos chilenos, y conozco a chilenos encantadores en Santiago y en Lima y en Madrid, pero tantos días de reclusión en el Ritz y de minuciosa contemplación de los hábitos y costumbres chilenos me llevan a esta severa conclusión: en general, los chilenos me caen como el culo y cuando los escucho hablar con esa tonadilla tan insoportable me caen aún peor. Prefiero mil veces a los argentinos. Prefiero mil veces a los colombianos. Prefiero cien mil veces a los uruguayos. Los chilenos suelen ser falsos, lambiscones, desleales, buenos para la intriga y el chisme, ensimismados contando sus pesitos revaluados, de pronto orgullosos de la tribu a la que pertenecen porque un tenista gana un puto partido o porque van al mundial de fútbol y vuelven a perder con Brasil, tanto nadar para morir ahogados. Javier Garcés piensa que un chileno promedio es tan feo como un peruano promedio y tan mentiroso como un peruano promedio aunque menos haragán que un peruano promedio, pero eso que algunos encuentran meritorio, el espíritu laborioso y pujante y emprendedor del chileno promedio, es lo que a Garcés le inflama o irrita un tanto los cojones. Porque, se dice Garcés, el chileno no es bueno como amigo, te traiciona casi siempre, y tampoco es bueno como socio, te quiere sacar ventaja casi siempre, y tampoco es bueno para el vicio, porque les sale el pudor y la mojigatería y cada tres calles hay una estatua al fascista santificado de Escrivá de Balaguer. Lo que no sé, piensa Garcés, es si la mujer chilena es buena para culear. Y está claro que, en promedio, una chilena está más buena que una peruana, aunque nunca más buena que una argentina, pero sí he visto estos días en Santiago a no pocas chilenas a las que les empujaría la verga, gustoso. En conclusión, los chilenos me caen como el culo pero me gustaría darle por el culo a una chilena y hacerla mi rota culiá, piensa Garcés, y toma una copa de champagne, y piensa a cuál de sus amigas chilenas debería llamar para invitarla a cenar y tratar de llevársela a la cama. El problema es que todas están casadas, se detiene a pensar. Aunque esto, bien mirado, puede no ser un problema en modo alguno, porque si hay una tribu llena de cornudos es la chilena: hay que ver lo papanatas que son los chilenos para dejarse engañar por sus mujeres, hay que ver lo astutas y mitómanas y putitas que son las ricas chilenas casadas para buscar un buen pedazo de verga fuera de casa, habrá que ir llamando a mis amigas chilenas a ver cuál me presta un rato su culito, piensa Garcés. Chilenos del orto: ¿todo el puto día tienen que estar bailando tonadillas afiebradas brasileras en televisión? Tengo que salir a caminar, piensa Garcés, y seca la copa de champagne y apaga el televisor, harto de esa chusma de putas y maricas y animadores vocingleros y concursos de bailes simiescos. Y después dicen que son alemanes o ingleses estos huevones, piensa Garcés, en el ascensor: los chilenos son tan bárbaros y feos como nosotros los peruanos, basta de hipocresías.

(Fragmento de Morirás Mañana 2, El Misterio de Alma Rossi, novela que será publicada por Alfaguara después del verano y está ambientada en Santiago, Viña del Mar, Reñaca y Zapallar).




Cabrones de mala entraña
Por Jaime Bayly


Soy rencoroso. Recuerdo a los que me humillaron. Olvido con facilidad a los que fueron amables conmigo.

De joven crees ingenuamente que todos deben ser buenos contigo y cuando te encuentras con un cabrón de mala entraña que te insulta, te traiciona o te humilla, te resulta sorprendente.
Tal vez sería prudente suponer que todos somos de mala entraña y lo excepcional es que alguien te sea leal.
Mi familia está llena de cabrones. Es mi familia, pero no por eso me impide ver las cosas con claridad y reconocer a un cachafaz, a un crápula, a un gaznápiro, a un memo mentecato, a un facineroso.
Mi padre fue un cabrón de mala entraña. Al menos lo fue conmigo y no se tomó vacaciones. Me insultó, me humilló, me pegó, vengó en mí todas sus amarguras y frustraciones. No digo que fue un cabrón con todos los demás. Para mi sorpresa, hay gente que lo recuerda como un hombre caballeroso y encantador. Pero conmigo fue un cabrón de cuidado, un cabrón armado y un cabrón lisiado, y ya se sabe que los cojos son todos malos o a punto de ser malos.
Mi tío Bobby es uno de los tipos más avaros y malvados que conozco. Se parece al viejo millonario tacaño de Los Simpson, solo que en su versión amariconada. Disfruta humillando a sus empleados del servicio. Recuerdo cómo lloraba Mario, mi amigo, el jardinero, contándome que había ido desde su casa en los arrabales hasta la casona cochambrosa de Bobby y que el calvo mala leche de Bobby se había negado a pagarle lo que le debía (una cantidad ínfima, desde luego). Es un cabrón cosmopolita y profesional, un cabrón de lengua afilada y venenosa, un chismoso vocacional.
Mi tía Lucy, enana, mala como casi todas las enanas, es una mujercilla intrigante, chismosa, envidiosa, siempre sembrando cizaña y deseándoles desgracias a los demás. Cuando mi hermana mayor enfermó de cáncer, el esposo de Lucy, un panzón con nombre heroico, tuvo el gesto de llamar a mi madre para decirle, tan atinado él, que no se hiciera ilusiones, que mi hermana era ya un caso perdido, que moriría pronto. Lindo gesto el de mi tío. Amorosa su llamada. Mi hermana sigue viva. Y ese par de cizañeros envidiosos también, que yo sepa.
Mi tío Carlos es ginecólogo y se ha pasado media vida metiendo sus manos en vulvas y matrices vaginales (membrana femenina que juraría que Bobby no ha tocado nunca) y es un buen tipo, aunque su verdadera vocación es la del alcohólico consumado y amante de las conspiraciones y golpes militares. Trataba a mi padre con gran cariño y eso lo adecenta en mi recuerdo. Se ha peleado con el avaro de Bobby por unas acciones de la minera y eso lo enaltece. No me saludó en el funeral de mi padre y eso lo menoscaba en mi memoria. Fue ministro de Fujimori y eso le da una dimensión cómica, esperpéntica.
Yo tuve un tío que no era un cabrón. Era encantador, divertido, guapísimo, un playboy mítico, idéntico a Julio Iglesias. Se llamaba John Bayly. La última vez que lo vi estaba en un restaurante de San Isidro con su novia y me llamó a la mesa y me invitó a sangría y pizzas. Era un gran tipo John Bayly: seductor profesional, risueño, alegre, jodedor, amante de la buena vida, siempre riendo, bebiendo y alegrándole la vida a la gente mustia y pusilánime. Era un ganador en toda la línea. Nunca olvidaré la noche que me dejó conducir su auto rojo deportivo último modelo (un Alfa Romeo). Murió joven, de cáncer.
Mi hermano Miguel es un cabrón de mala entraña, un subnormal, un oligofrénico, un macho vacuno castrado. De niño le dieron tantas pastillas y palizas que ahora es un asno que rebuzna. Ha robado todo lo que ha podido hurtar, tiene una larga carrera en el mundo del hampa (una vez me llamó una chica en Miami diciéndome llorosa que Miguel le había robado su colchón). Ahora dice que es empresario. Dice que alquila autos. Dice que se ha reformado. Además le dice a mi madre (y ya se sabe que mi madre se cree todo lo que le dicen) que es creyente en el Opus Dei y luego lo encuentran en discotecas patibularias con señoritas que se ganan la vida posando en calendarios eróticos que cuelgan los mecánicos en sus talleres para hacerse una paja fugaz, aceitosa, mientras están echados debajo del auto averiado.
Álvaro Vargas Losa, con su cara de intelectual sabihondo y estreñido que se ha nombrado presidente moral del mundo y dalái lama del liberalismo global (y corresponsal de La Tercera, cuyo director me dijo una vez en Washington, en tono engolado y sentencioso: “¡Piñera no será nunca presidente de Chile!”), es el cabrón de peor entraña que conozco. Mal bicho, culebra escamosa, intrigante, traidor, creo que no le cae bien a ninguno de los amigos que fuimos sus amigos y lo recordamos como si fuera la sífilis o la gonorrea.
Mario Vargas Llosa es también un cabrón de mala entraña (o lo ha sido conmigo hasta un punto en que colmó mi paciencia), pero se le disculpa porque tuvo un padre que fue un abusador y porque ha hecho una carrera amorosa en el incesto, primero con la tía, después con la prima hermana, lo que me parece que humaniza sus rasgos de cabrón de mala entraña y demuestra que al menos ama a su familia, o a la parte de su familia que puede seducir. Solo por eso (y por algunos de sus libros) le tengo simpatía.
Naturalmente, yo también soy un cabrón de mala entraña y cultivo el rencor como una forma de arte incomprendido y cuando sea presidente me ocuparé de vengarme de todos estos cabrones. Mi padre ya está muerto, pero los demás (a saber: el tío Bobby amariconado y avaro y cruel y mamón de Alan; el tío Carlos macerado en vino; la tía Lucy y su esposo, enanos imperceptibles al ojo humano; el Gandhi de nuestro tiempo, Álvaro Vargas Llosa, predicador de la virtud y la sabiduría y tan leal como una hiena hambrienta; el premio Nobel del Incesto, Mario Vargas Llosa, preclaro pensador liberal y matón aficionado que le zampó un puñete a García Márquez en un teatro mexicano, haciendo un hiato creativo en su flemática tolerancia liberal: si él se había cepillado a su tía y a su prima hermana, ¿no podía comprender que Gabo deseara a la mujer del prójimo) se las verán conmigo cuando sea presidente: a Bobby lo obligaré a tocar una vagina; al tío Carlos le daré de beber solo agua; a la enana y su esposo los encerraré en su mesita de noche; al Gandhi de nuestro tiempo lo nombraré embajador en Puerto Príncipe y a su padre lo someteré a un combate a 12 asaltos con la boxeadora peruana Kina Malpartida, alias ‘la Vengadora de Gabo’.

"Tu corazón es libre, ten valor para hacerle caso" -William Wallace-













*Para los que quieran escribirme, pueden hacerlo en:
delacruzmarin@gmail.com

jueves, 9 de diciembre de 2010

El otoño del Patriarca (Versión 4.6 reloaded)

El Nobel que lloró y que hizo llorar


Me gustó mucho esa exclamación del público (tipica de las sociedades europeas) a los 27 segundos del VIDEO, OBSERVAR* Fue muy plancentero sinceramente. Jasso!




Si hubiera sido presidente de su país, algo que intentó sin éxito en 1990, habría hablado, probablemente, ante las Naciones Unidas, y no habría tenido el Nobel, por cierto; pero esta tarde, en Estocolmo, Mario Vargas Llosa ha estado más cerca que nunca de lo que podría haber sido una alocución en aquel foro multinacional. Le recibieron en su biblioteca los alumnos de un colegio multirracial y multicultural del Estocolmo más profundo y más helado, Rinkeby, en cuya biblioteca escuchó los cánticos navideños, recibió lecciones sobre quién fue Alfred Nobel, y se sintió tratado como un maestro de escuela. Él les habló a los chicos como si estuviera ante una asamblea adolescente de las Naciones Unidas.
Le cantaron las melodías de Santa Lucía, la fiesta grande de los suecos, que él escuchará en la cama uno de estos días, como es tradición aquí, y eso ya lo saben todos los Nobel: les despiertan con ese sonsonete que aquí es religión, y en cierto modo así saben que de veras han sido premiados con las mieles de un desayuno que los confirma. Y le hablaron de Nobel de tal manera que al Nobel se le debieron erizar los pelos: evocaron la dinamita que descubrió el filántropo que dejó escrito que su fortuna iría "para los que hacen el bien a la humanidad", pero también le dijeron, con el tono didáctico que ya fue común en todas las actuaciones, cómo creció en la pobreza, cómo se enamoró y cómo se hizo sabio. Representaron parte de una obra suya, El hablador, sobre la que elaboraron preguntas y respuestas, e hicieron hincapié en lo mejor de la biografía de Nobel para animar a Vargas Llosa ante la gran fiesta de mañana, en la que sin duda alguna Nobel sobrevuela con su estela de gran benefactor de la cultura y la ciencia del mundo...
A Vargas Llosa le falla la voz estos días, así que su alocución ante estas naciones unidas de Rinkeby tuvo que salvar algunos escollos impuestos por una garganta que ahora se tiene que cuidar para pronunciar el brindis de mañana... A él le admiraba la presencia de muchachos y muchachas de más de dieciocho países de lenguas conocidas o exóticas, cuya coexistencia aquí, en este barrio de Estocolmo, demuestra hasta qué punto la coexistencia es posible "a pesar de todas nuestras diferencias superficiales..."
Este es un modelo para el resto del mundo, dijo Vargas Llosa en lo más esperanzado de su discurso, que incluyó una apelación al optimismo; como suele decir estos días, y desde hace tiempo, "el mundo está mal hecho", pero la literatura, el conocimiento, la ciencia, son elementos "que pueden mejorar nuestras esperanzas", y nos pueden ayudar, sobre todo, "a superar la pobreza, la miseria, la ignorancia, el hambre... Hay tanto sufrimiento en todo el mundo que sólo la voluntad, la emoción, la sensibilidad, nos puede ayudar a mantener la esperanza".
El Nobel estaba verdaderamente a gusto, ante una audiencia encantada. Él les dijo a los chicos que el mundo está lleno de evidencias de "explotación y de discriminación", pero hay "extraordinarias herramientas" para combatir esta situación... "Los escritores podemos contribuir", dijo, "al entendimiento de los otros, a destruir, con la ficción, con la escritura, las barreras de soledad de las comunidades a las que nos dirigimos. Podemos hacerlo comunicando ideas y emociones... Somos constructores de puentes".
Esos puentes están en los libros. "Lean buenos libros", dijo Vargas Llosa desde el estrado escolar. "¡La literatura es el mejor entretenimiento del mundo. Nos anima a desear una vida más rica, es el motor del progreso".
Los chicos le aplaudieron cuando se fue por la puerta tapándose la garganta.



Vargas Llosa está ‘piña’ en Estocolmo

El ‘escribidor’ sufrió una caída y se quedó sin voz antes de recibir el Nobel de Literatura 2010. Autor de El hablador se recupera de su afonía. Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nobel de Literatura 2010, se está tratando de su afonía en el Instituto Karolinska de Estocolmo, confirmó hoy la embajadora sueca en el Perú y Chile, Eva Zetterberg. Aunque no de gravedad, el autor de La guerra del fin del mundo se ha visto afectado por la inclemencia del invierno escandinavo desde que llegó a Suecia. “Él ha tenido en efecto algunos problemas de salud, astimosamente”, dijo Zetterberg a la agencia DPA en una conversación telefónica. “Sé que va al Instituto Karolinska a tratarse la voz, eso me lo contó anoche. Por fortuna, ya no tendrá que hablar mucho”, agregó la diplomática. El autor de La fiesta del chivo pronunció su discurso el martes en la capital en una emotiva intervención ante la Academia Sueca. El embajadora añadió que MVLL solo hablará “unos pocos minutos” en la ceremonia de entrega del Nobel, a realizarse el viernes. “También se cayó en el hotel”, comentó Zetterberg para confimrar las informaciones de los últimos días respecto a que Vargas Llosa resbaló cuando posaba para un fotógrafo. De otro lado, el novelista peruano, quien ayer estuvo en el Instituto Cervantes, visitaría esta tarde una biblioteca en las afueras de Estocolmo para reunirse con un grupo de jóvenes suecos.
CONFERENCIA DE MARIO VARGAS LLOSA. (Stockholm city - Sverige)

Mario Vargas Llosa Nobel Prize in literature press conference audio-video

Mi primer recuerdo de Mario Vargas Llosa se remonta a la campaña electoral de 1990, posiblemente al mitin de cierre de campaña. El momento más emotivo de su discurso, la escena que reprodujeron los noticieros de televisión, era una diatriba en que Vargas Llosa acusaba a sus enemigos de “cacasenos”. Yo me pasé toda la semana siguiente tratando de averiguar qué era un cacaseno. Nunca había visto un político con tanto vocabulario. Por cierto, tampoco había visto –ni volví a ver– un escritor con esa capacidad de convocatoria. En ese mitin había unas quince mil personas. Y en otro momento de la campaña, cuando Vargas Llosa abandonó la carrera, la ciudad amaneció empapelada con carteles que le rogaban “vuelve”.
Las elecciones de 1990, y en particular el discurso de los cacasenos, pusieron de manifiesto las dos dimensiones de Vargas Llosa: el estilista, el autor siempre en busca de la palabra precisa, y el hombre público, convencido de que es su deber defender sus ideas y participar en el debate político.

LA DOBLE VOCACIÓN
También las novelas de Vargas Llosa dan fe de esa doble vocación: “Conversación en La Catedral” o “La ciudad y los perros” no solo representan un monumental abajo de narración que juega virtuosamente con las voces, los tiempos y las perspectivas, sino además son feroces críticas al autoritarismo y descarnados retratos de los conflictos sociales del Perú. Con semejante referente, cuando yo tenía veinte años, ser escritor me parecía una misión imposible: algo que solo podían lograr superhombres capaces de escribir setecientas páginas y competir en elecciones nacionales. A ver quién se atrevía a intentarlo. Afortunadamente, en sus entrevistas y declaraciones, Vargas Llosa siempre destacó lo contrario: el valor del trabajo y de la persistencia, no solo para las obras de los escritores, sino para que cada quien se haga dueño de su destino.
Para mí, cuando empecé a planear seriamente ser escritor, esa lección era un alivio. Ser un genio no depende de uno. El talento es algo que escapa a nuestro control. Pero uno siempre puede trabajar más. Si el trabajo era un elemento importante de una carrera literaria, para gente como yo era posible intentarlo. Ahora bien, para soñar es necesario tener sueños propios. Una de mis primeras decisiones conscientes como escritor fue precisamente no pretender ser Mario Vargas Llosa, sino tratar de ser yo mismo. Quizá era poquita cosa, pero al menos era lo que yo podía ser.

ADN LITERARIO
Cuando mis libros empezaron a publicarse y traducirse comprendí que ese trabajo no iba a ser tan fácil. El caso más claro fue el de “Abril rojo”. Hasta donde yo era capaz de ver, esa novela tenía más influencia del cine de asesinos en serie que de cualquier escritor hispano. Y sin embargo, en cuanto apareció, muchos lectores la situaron en la órbita de “Lituma en los Andes”. El protagonista de la novela, Félix Chacaltana, estaba muy inspirado en el Pereira de Antonio Tabucchi, un funcionario gris producto de una dictadura mediocre. Aun así, una vez más, muchos lectores y periodistas vieron en él un émulo de Pantaleón, el de las visitadoras. Esos comentarios se repitieron en varios países, sobre todo con las traducciones del libro. Al principio, yo lo atribuía a que Vargas Llosa es una especie de Julio Iglesias de la literatura: todo el mundo le achaca hijos que él no ha pedido. Más adelante, albergué sospechas de que esas opiniones eran certeras.
No siempre escribo de temas políticos, pero cuando lo hago, sin duda, mi manera de entender esa narrativa se formó desde mis primeras letras con Vargas Llosa. Voluntariamente o no, sus libros forman parte de mi ADN. Es lo mismo que me ocurre con mi padre. Como todo hijo, llevo toda mi vida tratando de que no me confundan con él. Pero tengo su nariz.No obstante, con el tiempo he desarrollado una teoría que me parece más sólida, aunque suene más rara: el Perú es una invención de Mario Vargas Llosa.
En Kazajistán, en Francia, en Tailandia o en Noruega me he topado con lectores de Vargas Llosa que conocen mi país por sus novelas. Para esos lectores, que se extienden por todo el planeta, el Perú es el lugar donde habitan Zavalita, la Tía Julia o Palomino Molero. La mayoría de ellos no han viajado al país, ni reciben noticias de nosotros. Sus imágenes de ese rincón del mundo han sido, casi en exclusiva, obra de un escritor. Por eso, inevitablemente, los narradores peruanos habitamos un mundo que Vargas Llosa creó. Nuestros personajes y situaciones son contrastados con los suyos, y para muchos lectores, resultan verosímiles según ese patrón. La concesión del Nobel ha intensificado ese fenómeno. Al día siguiente del premio, periodistas de todo el mundo se pusieron en contacto conmigo para pedirme comentarios, recuerdos y análisis sobre el premio. Durante las siguientes semanas, decenas de medios de prensa publicaron artículos sobre la literatura peruana. Al menos durante los próximos años, Mario Vargas Llosa seguirá siendo la medida del Perú para buena parte del planeta. Pero sobre todo, la distinción de Vargas Llosa completa un mapa de la América Latina del siglo XX.

ESCRITOR COMPROMETIDO
Casi todos los Nobel de nuestra región han sido más que solo escritores: han salido a la esfera pública a defender sus ideas y proponer soluciones para los problemas sociales del siglo XX. Y en ese sentido, Vargas Llosa es una pieza que faltaba. Con él, el Nobel sigue premiando al escritor comprometido con su sociedad, y al defensor de ideas políticas sin las cuales es imposible entender los últimos veinte años de nuestro continente. Si como novelista Vargas Llosa ha construido el mundo en que habitan nuestros personajes ficticios, como polemista, como columnista y como ensayista, Vargas Llosa ha contribuido a delinear el mundo en que viven los latinoamericanos de carne y hueso. Y lo ha hecho, igual que en aquel discurso de los cacasenos, combinando el estilo literario con el compromiso político, las dos dimensiones que marcaron el perfil de los grandes autores del siglo XX.

Por Santiago Roncagliolo [*] Escritor peruano radicado en España autor de “Abril rojo” (Premio Alfaguara 2006).


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delacruzmarin@gmail.com

sábado, 10 de abril de 2010

"He sufrido mucho, pero no me arrepiento de lo hecho"

Alfredo Bryce: "He sufrido mucho, pero no me arrepiento de lo hecho"
Una vida de novela (Aguilar) es un libro que celebra sus 70 años y resume la trayectoria de un hombre que vive exageradamente.

Escribir mi nueva novela ha sido un pajazo. Le faltarán unas cien páginas. Debo dejarla reposar, la escribí durante los últimos tres meses, y poquito más y la acababa. Es una historia que tengo en mi cabeza desde que escribí Un mundo para Julius. Su teoría es la siguiente: en el Perú, en América y en el mundo, las más grandes fortunas –claro, las peruanas son enanas, no hemos salido ni en el Forbes latinoamericano, tenemos unos ricos de pacotilla– no duran sino tres generaciones: el que la hace, el que la consolida y el que la derrocha. El último ejemplo conocido es el de la familia Prado”. Así se inicia nuestra conversación sin censura con Alfredo Bryce. Estamos en su “palomar’, un bello estudio que copió –hasta en los muebles, las ventanas y el color de las paredes– de un palacio italiano. Duró cinco horas y terminó con cinco vodka tonics en nuestros cuerpos.

Usted se caracteriza por sus personajes entrañables –Julius, Martín Romaña, Manongo Sterne, Felipe Carrillo–. ¿Quién lo es esta vez?
El abuelo, el que crea la fortuna. Una vez que la hace, y ya viudo, se dedica a la parranda, a juguetear con la vida y a fregar al hijo. Y vive más de cien años, o sea que jode bastante (risas). Es más, muere en una orgía, celebrando sus 101 años y escandalizando a sus hijos.

¿Controló su materia narrativa?
Mis otras novelas estallaban, se iban por las ramas. Esta no. No tengo sino 300 páginas, y con cien más estará terminada. Pero han sido las novelas más largas las que más han gustado.

Quizás porque son como usted: desmesurado, exagerado, y el irse por las ramas les da sentido a las experiencias de sus personajes, tal y como hacía su admirado Stendhal…
Stendhal está detrás de mucho de lo que he escrito. Es uno de los autores que más me fascina, a él vuelvo siempre, sobre todo a La cartuja de Parma, tanto así que, aunque a usted le parezca por esto un cojudo a la vela, cuando la terminé de leer la puse sobre una mesa y empecé a aplaudirla (risas).

Stendhal creó una Italia. Chus Visor dice que usted escribió, en París, historias bien peruanas, pero ambientadas en Francia…
Uno peruaniza todo lo que toca. Vayamos al monstruo, al grande, al poeta Vallejo, que más peruano no podía ser. Cuando tocamos a Vallejo, nos muerde. Es el autor peruano que más releo. De repente estoy escribiendo, me he quedado perdido, me paro, leo un poema de Vallejo y sigo escribiendo. Me siento, con él, muy en el Perú.

¿Qué más le da Vallejo?
Siento que es un poeta que solo los peruanos sabemos leer bien. Qué le pueden interesar a un extranjero versos como: “Fue domingo en las claras orejas de mi burro, de mi burro peruano en el Perú (Perdonen la tristeza)” (risas). Esto solo a los peruanos nos puede conmover. Nadie se ha reído de Vallejo; a lo sumo lo han encontrado incomprensible (risas). Vallejo era un dandy, un hombre súper alegre, con amigos muy ricos, un súper Don Juan, andaba enamorando a todas las chicas de Montparnasse y siempre era novio de alguna panadera para que le diera el primer baguette de la mañana. O sea que comía caliente y a su hora (risas). Lo del Vallejo triste es un mito. Él tuvo dificultades en París, pero, ¡quién no las ha tenido!, y daba consejos para ser un dandy: “No bajen del metro hasta que esté bien parado, porque se gastan los zapatos con el roce de la pista. No se sienten mucho porque sale un brillo en el fundillo (risas)”. Una vez me quedé en una casa que había sido de magnates y me dijeron: “¿Desea quedarse en la habitación de Vallejo o de Neruda?”. Viejo, yo rechacé la oferta porque vaya a saber uno si esas camas estaban desinfectadas: Vallejo tenía tisis, tenía de todo (risas).

¿Quién influenció más su vocación?
Mi madre. Ella fue mi salvadora. Mi padre se opuso profundamente. Tuve muchos problemas con él, pero yo lo quería y entendía: solo tuvo tres hijos hombres, el mayor era un minusválido; el segundo, un gran criollo que no trabajaba, que terminó la primaria con las justas, y yo. Jamás me iba a enfrentar con él. El creía que los hombres venían con su carrera bajo el brazo. Cuando me fui a Europa, mi padre creía que era por un año o dos y que volvería a mi vida “normal’. Pero quien me consiguió la beca para Europa y luchó contra mi padre fue mi madre. En París recibí una carta bellísima de mi padre, quien era el hombre más parco del mundo. Allí me decía: “Entendí, querido hijo, que eres un hombre distinto a mí. Eres tú mi mejor hijo, sigue tu camino, sigue para adelante”. Al poco tiempo murió.

¿Cuánto de ficción hay en sus relatos sobre el real Alfredo Bryce?
Eso no lo sé. En mi vida, la realidad y la ficción están confundidas. Y esto nos pasa a todos los escritores. Hay realistas como Vargas Llosa, que no inventa nada. Otros, como García Márquez, que todo lo inventan. El Gabo es el más grande mentiroso de la Tierra.

La mamá de Gabo dijo que Vargas Llosa era más mentiroso que su hijo…
La vieja defendió mal a su hijo. Por decir que Mario no tenía palabra, terminó echándole una flor a Vargas Llosa.

¿Usted también es un mentiroso?
También (risas). Mentiroso era yo desde chico. Recuerde que soy hijo de Arnaldo Alvarado, el corredor de autos. Cuando mis compañeros se enteraron de que no lo era sintieron pena, pues la historia era entretenidísima (risas).

¿Se arrepiente de su vida exagerada?
He pegado patinazos, he sufrido mucho, pero no me arrepiento porque todas las personas que he querido allí están, a mi lado, las sigo viendo. Incluso a mi amor prohibido en Francia…

Una noble, cuya familia lo trataba de miserable…
Exacto. Yo trataba de probarles que acá era “hijo de’ y me decían: “Váyase a la mierda” (risas).

Pero fue correspondido…
Muy correspondido… hasta hoy. Pegué capotazos y clavé la espada (risas).
Por Gonzalo Pajares Cruzado.


Alfredo Bryce: "El plagio es un homenaje"
El escritor peruano habla sobre los 32 plagios que realizó y que Perú.21 denunció. Aquí la defensa del narrador.

Corrían los primeros días de julio de 2006 y una denuncia remeció, como un temblor, el ambiente literario: Herbert Morote, un ensayista y dramaturgo peruano, denunció a su amigo Alfredo Bryce por plagiar extractos de su texto inédito Pero… ¿tiene el Perú salvación? Bryce negó la acusación y llamó a Morote desleal.

Pero el terremoto llegó en marzo de 2007. Esta vez, el embajador Oswaldo de Rivero acusó al novelista de haber plagiado su texto Potencias sin poder. Bryce aceptó su culpa y responsabilizó a su secretaria. El 22 de marzo de 2007, Perú.21 hizo públicos tres plagios más (todos a periodistas españoles de La Vanguardia).

A lo largo de ese año y del 2008 –y con la ayuda de la chilena María Soledad de la Cerda–, Perú.21 denunció, en total, 32 plagios. El último, a su amigo Fernando Carvallo, fue hecho público en enero de 2009, justo cuando Indecopi multó a Bryce con S/177,500 por plagiar 16 textos. Aquí, la defensa del narrador.

¿Llegó el momento de reconocer sus plagios y de ofrecer disculpas?
Pero yo no he plagiado nada. No puedo ofrecer disculpas. Me han armado un lío, un juicio que he apelado, y espero que esto algún día se aclare. A mí no se me notificó, algo inconstitucional…

Los argumentos de su defensa son que fue mal notificado y que Indecopi no tiene competencia, pues los artículos plagiados fueron publicados fuera. Eso es un asunto de forma. Perú.21 investigó el fondo y descubrió que no son ni uno ni dos, sino 32 textos…
… Que he escrito yo. ¿Quién se ha quejado? Nadie.

Sí se han quejado, empezando por el señor Willy Niño, a quien usted le plagió un texto sobre Cortázar.
Mira, viejo, sobre Cortázar he dictado clases antes de que nacieras.

Por eso, ¿por qué copiar un texto sobre alguien del que sabe tanto?
Es que no lo copié. En Oiga, donde se publicó, mezclaron los textos de Willy con algo mío. Es un error del archivo de la revista. Él (refiriéndose a Willy Niño) se lanzó contra mí –siendo un íntimo amigo mío– y, luego, se dio cuenta de que había metido la pata.

Es que sus amigos y sus lectores lo quieren y le perdonan todo.
Qué querido, si me han dado de alma.

También plagió un texto de otro amigo suyo, el señor Fernando Carvallo…
Él aclaró que ese texto lo habíamos escrito juntos…

Yo hablé con él y me dijo: “Soy muy amigo de Bryce, hemos compartido tantas cosas y, por esta amistad y lealtad, no voy a decir nada contra él”…
Mire, yo he podido escribir 600 textos como el de Carvallo.

Entonces, ¿por qué lo plagió? Yo me comuniqué con los españoles Jordi Cebria y Víctor Cabré, quienes me confirmaron que usted les plagió el texto La estupidez perjudica seriamente la salud. Igual con Jordi Urgell, a quien le copió América Latina: ¿regresando al pasado para enfrentar el futuro? Usted plagia desde los 80…
Si me culpan de plagiar 32 artículos, pruébenlo. No me han probado nada.

Las pruebas están allí. Indecopi lo ha multado. La revista Jano, de donde tomó muchos de sus plagios, me confirmó las fechas de publicación de estos textos, y todos eran anteriores a los ‘suyos’. Eso es plagio.
El plagio, como decía Borges, es incluso un homenaje. Borges le plagió a medio mundo. Yo no siento haber plagiado a nadie. El texto de Willy Niño es un trocito así (y, con los dedos, marca unos tres centímetros), el resto es mío.

Usted ha dado varias excusas. Primero dijo que había sido su secretaria.
En efecto, fue ella.

Pero luego usted dijo, en Caretas, “la secretaria fui yo”…
Eso puede haber sido una distorsión periodística. No puedo decir que los periodistas son ángeles.

Luego dijo que era una campaña fujimontesinista…
Me refería al ambiente, no a que lo hayan hecho o Fujimori o Montesinos. Lo que quería decir era que ellos dejaron un ambiente podrido en la prensa. Y no voy a decir que sea el caso de Perú.21, pero sí de los diarios chicha.

Señor Bryce, yo hice la investigación, y no soy fujimontesinista. Si reconoce que plagió no será menos escritor…
Mira, viejo, si quieren que me disculpe por algo que no hice, me disculparé; pero yo no siento haber plagiado a nadie. Esto algún día se aclarará. Acá ha habido un montaje siniestro.

Sí reconoció un plagio: el que hizo contra el embajador Oswaldo de Rivero.
Ese fue un error. Le escribí, y allí sí me disculpé e hice público mi error.

Si usted es inocente, ¿por qué Caretas, después del plagio contra Carvallo, dejó de publicar sus textos?
La razón es que mis textos eran muy largos y nos les gustaban. Además, no los publicaban porque estaban muy mal económicamente… esa es la razón que me dieron. Si usted supiera la cantidad de artículos míos plagiados…

Que otros pequen no lo hace santo.
Si cree que son textos de otros y no míos, está en su derecho.

No lo creo, lo he comprobado.
Otros me han dicho, “si has cometido este error, reconócelo”; pero yo no considero que haya plagiado a nadie. No le dejo de dar la razón a usted; sin embargo, no acepto que esto sea la total realidad. No le estoy diciendo que miente –por favor, entiéndame bien–; pero quiere que acepte algo que no puedo aceptar. Cuando me equivoco, lo acepto.

¿Cree que yo soy parte del ambiente podrido que denuncia?
No, viejo, haces tu trabajo y actúas de buena fe. Solo estás equivocado.

¿Sigo siendo su amigo?
Por supuesto. No niego la amabilidad de su entrevista. Esta es muy sincera y usted la quiere acabar con una confesión que yo no estoy dispuesto a dar. Yo no puedo ir en contra de mi verdad.
Le confieso, señor Bryce, que lo admiro como escritor, que lo quiero como amigo; pero hoy lo respeto menos.
Qué se va a hacer, lo siento muchísimo; pero si hago lo que usted pide, a lo mejor, pierdo más que su afecto.
Por Gonzalo Pajares.

lunes, 18 de enero de 2010

Borges y el misterio de Swedenborg

Entrevista a Jorge Luis Borges sobre el visionario sueco
Entrevista de Christian Wildner (*) con Jorge Luis Borges sobre el científico y visionario suecoA continuación una entrevista realizada por Christian Wildner en 1984 a Jorge Luis Borges sobre el místico sueco que pretendió difundir un conocimiento exhaustivo de las jerarquías angélicas de los cielos y las presencias demoníacas del Infierno. Emanuel Swedenborg (Estocolmo, 1688-Londres, 1772) brilló, en la primera etapa de su vida, en el terreno de las ciencias. La última etapa de su obra explora el mundo de lo invisible con rigurosa precisión científica. Para profundizar en la vida y obra de Swedenborg recomendamos una conferencia borgeana de la que damos precisiones al final de estas breves palabras preliminares. La entrevista con Borges que aquí se presenta en torno al extraordinario sueco integra el prólogo de la edición castellana de una obra esencial de Emanuel Swedenborg: El Cielo y sus Maravillas y el Infierno, editado por editorial Kier en Buenos Aires, en 1991. Christian Wildner es también autor de la traducción de la mencionada obra, que posee el mérito adicional de ser la primera traducción completa en castellano. El título original de la obra es De Caelo et Ejus Mirabilibus et de Inferno que fue publicada por primera vez en Londres, en 1758, en latín. Luego, hubo una versión inglesa: Heaven and its Wonders and Hell, traducido por John C. Ager, que fue publicada por la Swedenborg Foundation en 1963. Esta entrevista con Jorges Luis Borges a propósito de la metafísica exploración de Swedenborg del cielo y el infierno puede ser ampliada mediante otros momentos de la obra borgiana. Estos son: 1) Dentro de la obra Prólogos con un Prólogo de Prólogos podrán hallar un prólogo borgeano a los Mystical works de Swedenborg. Fuente: Prólogo a Emanuel Swedenborg en Prólogo con un Prólogo de Prólogos (1975) en Jorge Luis Borges, Obras completas, IV, Buenos Aires, Emecé, 1996. pp. 142-150. 2) El 16 de junio de 1978 Borges le dedica una notable conferencia en torno a la vida y obra de Emanuel Swedenborg donde manifiesta que acaso el visionario sueco fue la personalidad más extraordinaria de la historia. Fuente: Conferencia sobre Emanuel Swedenborg, en Borges oral (1979) en Jorge Luis Borges, Obras completas, IV, Buenos Aires, Emecé, 1996, pp.180-197. También es de destacar el ensayo que a Swedenborg le dedica Ralph Waldo Emerson, el gran ensayista norteamericano, en su trascendente obra Hombres representativos. Fuente: Ralph Walso Emerson, "Swedenborg o el místico", en Hombres representativos, Buenos Aires, Losada, 1991, pp.66-101. Y tampoco olvidemos la novela de Honorato de Balzac inspirada en el místico sueco: Serafita. En lengua castellana, de esta obra existe una versión de Editorial Iberia S.A, con traducción del francés de Eduardo Pons Prades. E.I (*) Pedimos disculpas al Sr. Christian Wildner por la involuntaria no consignación anterior de su autoría de la entrevista y prólogo de la traducción completa por él mismo realizada de Emanuel Swedenborg, El Cielo y sus Maravillas y el Infierno, Buenos Aires, 1991, Editorial Kier. Esta traducción de la obra del místico sueco es la primera traducción completa en lengua castellana. Como ya se consignó, la entrevista es del año 1984 y la publicación de la traducción de 1991. E.I
BORGES Y EL MISTERIO DE SWEDENBORG
"Voltaire dijo que el hombre más extraordinario que registra la historia fue Carlos XII. Yo diría: quizá el hombre más extraordinario -si es que admitimos esos superlativos- fue el más misterioso de los súbditos de Carlos XII, Emanuel Swedenborg". Éstas son las palabras inaugurales de Borges en la conferencia que pronunciara en la Universidad de Belgrano sobre el místico sueco. Por la misma época en que leía la versión escrita de esa conferencia, llegaba casualmente a mis manos una novela de Balzac, una novela mística, inspirada justamente en Swedenborg: Serafita. Algún tiempo después, volví a encontrar su nombre, en una vieja colección de ensayos de Paul Valery. Habiendo agotado mis esfuerzos por hallar textos de Swedenborg en español, finalmente, y también de manera casual, di con una biografíasuya en inglés en la librería Strand de New York. Después de leerla, volví a la Strand, buscando ahora libros escritos por Swedenborg. No hallé ninguno. Por suerte un librero me informó que existía una Fundación Cultural que llevaba su nombre. Y que esa Fundación se dedicaba casi exclusivamente a la publicación de sus obras. Ahora podía elegir. Y obedeciendo a mi natural disposición, comencé a leer sus escritos teológicos y místicos. Quedé maravillado. Durante casi tres años, alternaba toda otra lectura, con su prosa sosegada, coloquial y minuciosa. Pude leer su Arcana Coelestia, donde expone lo que él llama el sentido interno o espiritual de los dos primeros Libros de la Biblia; su cosmogónica doctrina de las correspondencias; sus travesías por el mundo espiritual; y sus habituales diálogos con los espíritus, los demonios y los ángeles. Y toda esta íntima aventura del espíritu, es protagonizada por un hombre que al llegar a los cincuenta años era considerado como uno de los científicos más eminentes de su tiempo. Desde entonces, desde que descubrí el fabuloso mundo de Swedenborg, me propuse acercarme a Borges, para agradecerle el hallazgo, y para conversar con él (para oírlo hablar a él) sobre el tema. Cuando llegamos a la casa de Borges -nos había citado a las cinco de la tarde- interrumpimos una suerte de ceremonia todavía habitual entre ciertas familias; la ceremonia del té. En mangas de camisa, una impecable camisa blanca; erguido, Borges no se inclinaba para aproximarse a la taza: la elevaba hacia él, por así decirlo, como si se tratara de algún instrumento ritual. Apenas notó nuestra presencia; sin apresurarse, volvió a dejarla sobre la mesa con el mismo ademán mesurado y casi solemne. Entonces se puso de pie; y ahora sí, inclinó levemente la cabeza dándonos la bienvenida. Al mismo tiempo que nos hacía pasar a la sala con expresiones de auténtica y espontánea cortesía, volvió a tomar asiento luego de excusarse. En seguida, acompañado por la doméstica, salió de la sala. La desenvoltura, la natural simpatía, y la afabilidad de su trato, neutralizaron de entrada esa fastidiosa sensación opresiva de los prolegómenos. Cuando regresó, lucía un regio traje de color pardo claro, se había puesto una corbata de un tono algo más oscuro, y empuñaba su emblemático bastón. Ahora nos recibía como anfitrión, con todas las de la ley; había cambiado su atuendo para cumplir con otra ceremonia, la ceremonia de la hospitalidad. Se sentó en el amplio sillón de la sala, enfrente al mío, e inmediatamente recordó el tema que habíamos hablado un año atrás en el salón de lectura de la New York Library. Era el mismo que evocaríamos ahora, aquí en Buenos Aires, en su departamento de la calle Maipú; un tema recóndito y fascinante: Emanuel Swedenborg. Y Borges no aguardó la primera pregunta, era evidente que se trataba de una de sus ocupaciones predilectas: El Misterio. -"Yo escribí un prólogo a un libro sobre Swedenborg a instancias del Sr. Spiers, de la Fundación Swedenborg. Y tengo en proyecto (claro que a mi edad los proyectos son un tanto aleatorios) un libro sobre las tres salvaciones; la primera es la de Cristo, que es de carácter ético; la segunda es la de Swedenborg, que es ética e intelectual; y la tercera es la de Blake, discípulo rebelde de Swedenborg, que es ética, intelectual y estética, que se basa en las parábolas de Cristo, que él dice que son obras de arte".-Usted ya me había comentado cuando lo vi en Nueva York que pensaba escribir un libro sobre Swedenborg... -"Sí, pero ahora he pensado, que es mejor hacerlo de ese modo. Comenzando con Jesús, luego Swedenborg y luego Blake. Sería más fácil hacerlo así, ya que no se necesitarían tantos textos. Tengo la edición de Everyman's Library (cuatro volúmenes), un par de biografías, un libro por un especialista escrito en sueco y vertido al inglés ... ¿Usted quería hacerme una pregunta?" -Si. En primer lugar, me gustaría saber de qué manera conoció usted a Swedenborg.-"Lo conocí por Emerson. Porque Emerson tiene un libro: "Representative Men". Ese libro está escrito un poco a la manera de 'On Heroes Heroworship and the Heroic In History', de Carlyle, que fue de algún modo su maestro; entonces, él toma distintos tipos humanos. Recuerdo que son: Montaigne o el escéptico, Swedenborg o el místico, Shakespeare o el poeta, Napoleón o el hombre del mundo y Goethe o el escritor. Yo comencé leyendo ese libro. Ese libro lo leí en Ginebra en el año 14 o 15; y luego, mi padre tenía un ejemplar de 'Heaven and HeIl', Caelo et Inferno'; él lo tenía en una edición de la Everyman's Library. Bien, yo leí ese libro y encargué a Inglaterra los otros tres publicados por la misma editorial. Publicaron cuatro libros de Swedenborg de acuerdo con la Sociedad Swedenborg de Londres. Y luego en francés conozco solamente una versión de Caelo et lnferno'. Swedenborg fue a Inglaterra porque quería conocer a Newton, y finalmente no pudo lograrlo, qué raro, eh?Yo he hablado mucho sobre Swedenborg con el pintor y místico argentino Xul Solar, yo era muy amigo de Xul, iba a casa de él en la calle Laprida 1214, y leíamos a Swedenborg, leíamos a Blake, leíamos a los poetas alemanes, leíamos al poeta inglés Swinburne y muchos otros textos".-¿Qué impresión le dio la manera en que escribe Swedenborg? -"Bueno. Generalmente, los místicos, tienden a escribir de un modo vago; él no. La obra de él es..., yo no diré prosaica, pero sí precisa. Es un poco..., como si él hubiera ido a la China, o hubiera ido a la India y describiera lo que ha visto."-Como un científico...-"Sí, claro. El llevó esa... casi aridez, esa sequedad, esa precisión, a sus descripciones. Generalmente cuando se habla de éxtasis, se usan metáforas del amor, o metáforas del vino, metáforas arrebatadas. Pero en el caso de él no. El no busca efectos patéticos. El describe lo que ha visto. En relación a esto recuerdo algo que me dijo Xul: 'Lo que se ve en el otro mundo depende un poco de uno'. Hay un poema muy lindo de Victor Hugo que expresa muy bien esta imagen: 'Ce que dit la Bouche d'ombre', "Lo que dice la Boca de sombra"; el mismo espectro que le dice a Nerón 'Soy Mesalina', le dice a Caín 'soy Abel'. Del mismo modo, las visiones de los místicos musulmanes, de los sufíes, no concuerdan con las de los cristianos. Quiere decir que hay como fuerzas o espíritus que cada uno ve de acuerdo con sus prejuicios oconocimientos. Posiblemente esos mismos ángeles, ese mismo Cristo, que él vio de ese modo, fue visto por místicos de otra tradición de otro modo."-Usted decía hace un momento que Swedenborg viajó a Londres para conocer a Newton y que le parecía raro que no hubiera logrado hacerlo. Sin embargo en esa misma ciudad, tuvo lugar su encuentro con Cristo.-"Sí. Sé que el primer encuentro con Cristo fue en Londres, y los otros también. El estuvo además en Alemania, Holanda, los Países Bajos, pero finalmente se estableció en Londres. Tal vez el hecho de que fijara su residencia en Londres está relacionado con esa experiencia. A partir de ese momento su vida cambió totalmente. Abandonó el estudio de la ciencia; por ejemplo: la anatomía, la astronomía, las matemáticas, y se dedicó a registrar minuciosamente ese mundo espiritual. El diálogo con los ángeles empezó a ser un hecho cotidiano para él".-En el prólogo al libro de Synnestvedt sobre Swedenborg, usted afirma que hay algo incómodo en su obra; que usted piensa que él es un pensador por derecho propio, y que tal vez trató de enmarcar, o acomodar supensamiento al texto de la Biblia.-"Yo no sé si en el caso de él, pienso que es así en el caso de la cábala. En el caso de él creo que no. Además, el padre de él era obispo, obispo evangélico, luterano. El tiene que haberse criado en un ambiente muy piadoso. Yo no creo que eso le haya costado ningún esfuerzo a él. Digo, que él pensaba naturalmente en el espíritu de la Biblia. Bueno..., mi abuela, sabía de memoria la Biblia, en su familia eran metodistas. Usted hacía una cita bíblica, y ella decía, 'sí', por ejemplo: 'Libro de los Reyes, capítulo tal, versículo tal: y seguía adelante, o 'Libro de Job, capítulo tal versículo tal...' Me parece que no es tan raro eso. En Alemania hay una expresión que traducida, sería: firme en la Biblia", son las personas que saben la Biblia de memoria."-Una pregunta en relación al tema, pero vinculada más directamente con usted. ¿Alguna vez desde su infancia hasta hoy, usted percibió, sintió o intuyó la presencia del mundo angélico o trascendente?-"No sé si llamarlo angélico o trascendente. Pero sé que... bueno... Yo dos veces en mi vida he sentido el hecho de vivir fuera del tiempo. Eso me ha ocurrido.., una vez fue en Palermo, y otra vez fue en uno de los puentes detrás de la estación de Constitución. Y esas dos veces, me habían sucedido cosas, bueno, que me habían conmocionado durante el día. No sé... Una mujer me había dejado... Y de golpe estaba pensando en eso, y de pronto me vi así, en tercera persona, y sentí: 'qué puede importarme lo que le pasa a Borges, si yo soy Otra cosa; lo que me ha pasado es meramente circunstancial.' Ahora, yo no sé cuánto 'tiempo' duró ese estado; pero yo me sentí, no sé si feliz, pero como... bueno, como sereno, como arrebatado así de todo. Y he tratado de decirlo, una vez en un poema y otra vez en prosa, pero no sé si he logrado comunicar esa sensación. Cuando estuve en Japón tuve ocasión de conversar con un monje budista, y él me dijo que había alcanzado el nirvana. Yo le dije "¿Y aseguro que usted no podrá contármelo?". -'No'- respondió, claro; porque cada palabra presupone una experiencia compartida, por ejemplo; si usted está en Estados Unidos, y habla con alguien y le dice 'tal cosa tenía gusto a mate', el interlocutor no tiene porqué entenderlo si no conoce el gusto del mate... Entonces, el monje, me dijo que su experiencia del nirvana era incomunicable; que él podía hablar sobre el nirvana con otro monje que también lo había alcanzado. Que él no sabia cuánto tiempo había durado, pero que después todo era distinto para él. Le pregunté -'Distinto ¿en qué sentido?, ¿usted siente todo igual que antes?'-'Sí'- me contestó, 'entiendo perfectamente lo que usted quiere saber'. 'Yo siento soledad, siento ansiedad, siento alegría, siento dolores físicos, siento placeres físicos siento los sabores de las cosas; pero todo eso de un modo distinto después de alcanzar el nirvana'. -¿Y de ese modo es mejor?' -'Si'- me dijo, -pero yo no lo puedo explicar'. Y me di cuenta que tenía razón, que era algo inexpresable. Esto fue en Nara. En unmonasterio budista..." Un famoso irlandés -que imaginó con riguroso fervor la tercera forma de salvación postulada por Borges, la salvación por la belleza-, en otra conferencia, esta vez en la Universita Popolare Triestina, exaltó, al igual que Borges, la filiación espiritual del iracundo poeta inglés William Blake con el visionario sueco. Dice James Joyce: "...Swedenborg, que frecuentó todos los mundos invisibles durante largos años, ve en la imagen del hombre el mismísimo cielo, y a Miguel, Rafael, y Gabriel, que según él, no son tres ángeles, sino tres coros angélicos. La eternidad, que al discípulo amado y a San Agustín se les apareció bajo la forma de ciudad celestial, y al Alighieri como rosa celestial, revestía para el místico sueco las formas de hombre celestial, con todos sus miembros animados por un fluido de vida angélica que sale y vuelve a entrar, en sístole y diástole de amor y sabiduría. A partir de esta visión desarrolló el inmenso sistema de lo que él denominaba correspondencias, y que domina su obra maestra Arcana Coelestia, nuevo evangelio que, según él, anuncia la aparición del Hijo del Hombre en los cielos, prevista por San Mateo". (*)
(*) Fuente: Entrevista realizada por Christian Wildner con Jorge Luis Borges en prólogo a la traducción por él mismo realizada de Emanuel Swedenborg, El Cielo y sus Maravillas y el Infierno, Buenos Aires, 1991, Editorial Kier, pp. 15-19. Esta traducción de la mencionada obra de Swedenborg es la primera en lengua castellana.
N. de R: J.L Borges y ante sala a los MORMONES.

viernes, 30 de octubre de 2009

El símbolo perdido de Dan Brown:


¿Existe un secreto tan poderoso que, de salir a la luz, sea capaz de cambiar el mundo? Washington. El experto en simbología Robert Langdon es convocado inesperadamente por Peter Solomon, masón, filántropo y su antiguo mentor, para dar una conferencia en el Capitolio. Pero el secuestro de Peter y el hallazgo de una mano tatuada con cinco enigmáticos símbolos cambian drásticamente el curso de los acontecimientos. Atrapado entre las exigencias de una mente perturbada y la investigación oficial, Langdon se ve inmerso en un mundo clandestino de secretos masónicos, historia oculta y escenarios nunca antes vistos, que parecen arrastrarlo hacia una sencilla pero inconcebible verdad.

El escritor estadounidense Dan Brown, aclamado autor de "El código da Vinci", regresó a las librerías el día 15 de septiembre pasado, y ahora presentando y puesto a la venta en todas las librerías del Perú, desde el día de ayer (28 octubre 2009) con "El símbolo perdido", una novela que volverá a explorar el corazón de las sociedades secretas y que contará de nuevo con el protagonismo de Robert Langdon. En apenas cinco meses, los millones de seguidores de Brown repartidos por el planeta podrán adentrarse una vez más en las profundidades de las sociedades masónicas de la mano del ya casi legendario profesor de simbología de la Universidad de Harvard, Robert Langdon, según han anunciado sus editores en la Feria Internacional del Libro de Londres. En cuanto a los detalles de la novela, hasta la fecha sólo ha trascendido su título, que tendrá de nuevo como personaje central al protagonista de "Ángeles y Demonios" y "El código da Vinci", así como la localización y la duración temporal de la trama, que se desarrolla en EU en un intervalo de tan sólo doce horas. "El símbolo perdido" llega seis años después de la publicación de "El código da Vinci", la obra que alzó a Brown a la popularidad y que le granjeó tantos admiradores como detractores, que le acusan de no aportar ninguna prueba empírica de las teoría de la conspiración que expone en la novela. En concreto, Brown cuenta en este relato cómo la Iglesia Católica trató durante años de ocultar la relación que Jesús mantenía con María Magdalena, con la que, supuestamente, habría tenido descendientes que se habrían establecido en Francia y entre los que estarían algunos reyes merovingios. Sea como fuere, con errores históricos o sin ellos, "El código da Vinci" se ha convertido en una de las obras más vendidas de la historia, con más de 80 millones de ejemplares despachados en 50 idiomas distintos. Fue tal el éxito alcanzado por esta obra que distintas editoriales decidieron entonces relanzar el anterior trabajo de Brown, "Ángeles y Demonios", centrado en las andanzas de la sociedad secreta de los Illuminati (Iluminados). Rodeada siempre de una expectación casi mística, la vuelta de Brown a las librerías ha estado salpicada en los últimos años por un sinfín de rumores. Tanto es así que cuando en 2006 se anunció que el título de la nueva novela podría ser "La llave Salomón" ("The Solomon Key"), un gran número de autores comenzaron a publicar trabajos sobre este mismo tema. Para evitar este "intrusismo", el autor ha buscado ahora un título lo más opaco posible que no dé lugar a especulaciones.