David Alonso De la Cruz

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domingo, 25 de diciembre de 2011

19 de Agosto una fecha importante para todo VERDADERO CRISTIANO

La fecha exacta del nacimiento del Señor Jesús es algo que todos especulan en base a suposiciones de la Iglesia Cátolica, aunque lo único que se puede decir con certeza es que NO nació el 25 de diciembre. Sí, ¡no nació el día en que todos lo celebramos! ¿Y cuándo fue entonces?
Estas “navidades extraterrestres” coloca en tu árbol o nacimiento un ovni en vez de una estrella
La propuesta ha sido emitida a cientos de iglesias por toda Latinoamérica y el mundo entero.


Actualmente lo único que se puede decir con certeza es que no nació el 25 de diciembre. Sí, ¡no nació el día en que todos lo celebramos! ¿Y cuándo fue entonces?
Investigadores de varias nacionalidades han venido rastreando los restos arqueológicos y como estudiosos de la Biblia y es por eso que es notorio según el relato bíblico que Jesús no nació en invierno, porque “(…) había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño (…)” (Lucas 2:8). Los pastores estaban, por consiguiente, en el campo con sus rebaños a la intemperie y esto sería imposible el 25 de diciembre, recordemos que en el hemisferio norte el invierno comienza el 21 de diciembre y en el hemisferio sur empieza el verano.
Los estudios de las costumbres de las tierras bíblicas muestran que los pastores en Palestina traían sus rebaños del pastoreo en el campo a los rediles siempre antes del 15 de octubre, esto da prueba de que es imposible el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, a menos que la Biblia mienta, cosa que todos los verdaderos cristianos rechazamos tajantemente. Por lo visto, estamos ante una fecha fraudulenta y mentirosa que ha usurpado por dos milenios un lugar que no le corresponde en el corazón de los cristianos.
La Biblia no indica en forma específica la fecha exacta del nacimiento de Jesús, sin embargo nos da los medios y la clave para aproximarnos a una fecha más real. En efecto, sabemos positivamente que Jesús es menor que Juan el Bautista, su primo, en exactamente seis meses (lea cuidadosamente esta evidencia bíblica en Lucas 1:24-38). Elizabeth tenía ya seis meses de embarazo cuando María concibe en su seno sobrenaturalmente a Jesús. La importancia de este dato cien por ciento escritural es que se puede determinar en forma bastante aproximada la fecha del nacimiento del bautista. Zacarías, el padre de Juan, era un sacerdote que ejercía su ministerio en Jerusalén. El ritual judío establecía que cada sacerdote tenía un tiempo definido del año en que servía en el templo. Existían 24 divisiones o cursos de servicio durante el año religioso y este dato es ratificado por el escritor e historiador judío Flavio Josefo, quién en su libro “Antigüedades de los judíos” dice que cada uno de estos turnos o cursos de servicio duraban una semana y que después de seis meses cada sacerdote repetía su turno sirviendo en total dos veces al año (1º Crónicas 24:7-19).
El relato de Lucas, en el primer capítulo de su evangelio, declara que Zacarías pertenecía a la clase de Abías y servía en el templo según el orden de su clase (Lucas 1:5,8). La fecha del año correspondiente a esta clase era el octavo en orden, de acuerdo a 1º Crónicas 24:10. Es decir, entre el 27 de Iyar y el 5 de Siván, que en nuestro calendario equivalen a la semana del 1 al 8 de junio. Después de esta semana, Zacarías debió quedarse a ministrar por siete días más porque era obligación de todos los sacerdotes prestar servicio conjunto en las grandes fiestas religiosas (Pentecostés en este caso). Cuando cumplió su ministerio volvió a su casa, distante 45 kilómetros al sur de Jerusalén, en las montañas de Judea, Y SU ESPOSA CONCIBIÓ (Lea Lucas 1: 23-24). Según estos antecedentes, Juan fue engendrado a mediados del mes de junio, entre el 16 y 19 del mismo; por lo tanto nació nueve meses después, a mediados del mes de marzo.
Sabemos que Jesús era menor que Juan en seis meses (vea Lucas 1: 26,36). Si añadimos seis meses a contar de marzo, veremos que la fecha del nacimiento de Jesús corresponde a FINES del mes de AGOSTO (entre el 16 y 19), fecha que está en consonancia con el relato bíblico de los pastores y sus rebaños en el campo, porque evidentemente no era invierno, si no comienzos del otoño en el hemisferio septentrional.
Entonces, si Jesús NO NACIO en diciembre, resulta muy extraño que la cristiandad recuerde su natividad en una fecha que no corresponde para nada con la verdad, la Historia sin embrago nos da la respuesta a esta infamia: el 25 de diciembre era el día en que los paganos celebraban el nacimiento de su DIOS SOLAR, conocido en las diferentes culturas con distintos nombres como Osiris, Horus, Júpiter, Zeus, Baal, Zoroastro, Saturno, Baco, Adonis, Hércules, Mitra, Tammuz, etc.
La religión pagana tomaba al sol como fuente de la vida, como la noche mas larga sucedía alrededor del 21 de diciembre y desde ahí poco a poco la noche se acortaba, se adoptó desde los ritos babilónicos la costumbre de celebrar el 25 de diciembre el nacimiento del dios sol, fuente de la vida el sexo y la fertilidad.
James George Frazer, en su libro, “La rama dorada”, dice: “La época invernal era cuando todos los dioses solares, desde Osiris hasta Júpiter y Mitra, celebraban su cumpleaños (…)”.
En el Siglo V estas costumbres paganas se habían introducido en la iglesia de Roma de tal forma que sus líderes no pudiendo combatir estas prácticas, las “cristianizaron”, sustituyendo al dios solar por Jesús, escamoteando de esta forma a los creyentes la verdadera fiesta de la Navidad, sustituyéndola por tradiciones paganas, ajenas a la verdad del Evangelio.
Resumiendo; AGOSTO debe tener para nosotros una nueva connotación CRISTO NACIO EN AGOSTO… Y esto a prueba de desmentidos.


















Reinaldo Ríos convoca a la ciudadanía a que apoyen su medida de crear las llamadas navidades extraterrestres. Y de qué trata esto? Sencillo, es basado en el hecho de sostener que las navidades se celebran basadas en el nacimiento de Jesús, el salvador del mundo para los cristianos. Pues para aquellos que recuerden dicho acontecimiento histórico, el profesor Reinaldo Ríos les indica que pueden darle un toque futurista a dicha celebración. Años anteriores en la plaza municipal de Lajas frente a la casa alcaldía se había adornado con distintivos con ovnis en época de navidad. Ya en muchos lugares han practicado esta modalidad tras haberse propuesto anteriormente solamente falta internacionalizarla y que la iglesia la apruebe abiertamente.
Su propuesta es en base a que indica que lo que guió los magos en aquella ocasión imposible fuese una estrella. por su traslación y ubicación sobre el pesebre. "Una estrella no se mueve", indica el profesor.
También se dice que de la estrella salió un rayo que iluminó el pesebre, tampoco las estrellas emiten rayos sostuvo. Lo que explica que dicho rayo es lo que se conoce en ufología como el cendra, que es a la vez un túnel que se desliza del ovni que sirve de pasillo para los extraterrestres bajar o subir a su nave. Según palabras del propulsor.
Otra medida es que las acciones del niño Jesús no eran normales, desde pequeño mostró tener poderes innatos que la mayoría de los bebés no desarrollan espontáneamente. Adicional cuando de mayor expresa que su reino no es de este mundo. Son muchas las señales que denotan que este personaje milenario fue un extraterrestre que muchos indican pudo venir de las Pléyades o de Orión.
Basado en esto argumentos y otros es que se declaran las navidades extraterrestres que consisten en que cada arbolito navideño y pesebre lleven consigo un ovni en sustitución de una estrella haciendo honor a lo que por lógica no se cuestiona. Ya el Vaticano tiene conocimiento de la medida y se espera que tanto éstos como las iglesias de corte cristiano adopten la medida. De ser así ya podríamos decretar que estas navidades son extraterrestres.
La propuesta ha sido emitida a cientos de iglesias por toda Latinoamérica y el mundo entero. Esto no cambia la tradición ni el significado, simplemente lo actualiza a nuestros tiempos y le da ese toque espacial futurista del que vamos encaminados.
Finalmente el profesor espera que más de un millón de arbolitos sustituyan la estrella por un ovni en esta navidad, cómo adornarás tu pesebre y árbol navideño, déjanos saber.



Concilio de Nicea I



Convocatoria
El Primer Concilio de Nicea fue convocado por el emperador romano Constantino I, quien acababa de imponer su dominio sobre la totalidad del Imperio Romano después de vencer a Licinio. Previamente, Constantino ya había dado muestras de sus simpatías por el Cristianismo al dictar el Edicto de Milán del año 313, que daba a los cristianos libertad para reunirse y practicar su culto sin miedo a sufrir persecuciones. No obstante, el emperador era consciente de las numerosas divisiones que existían en el seno del Cristianismo, por lo que, siguiendo la recomendación de un sínodo dirigido por Osio de Córdoba en ese mismo año, decidió convocar un concilio ecuménico de obispos en la ciudad de Nicea, donde se encontraba el palacio imperial de verano. El propósito de este concilio debía ser establecer la paz religiosa y construir la unidad de la Iglesia cristiana.
En aquellos momentos, la cuestión principal que dividía a los cristianos era la denominada controversia arriana, es decir, el debate sobre la naturaleza divina de Jesús. Un sector de los cristianos, liderado por el obispo de Alejandría, Alejandro, y su discípulo y sucesor Atanasio, defendía que Jesús tenía una doble naturaleza, humana y divina, y que por tanto Cristo era Dios; en cambio, otro sector liderado por el presbítero Arrio y por el obispo Eusebio de Nicomedia, afirmaba que Cristo había sido la primera creación de Dios antes del inicio de los tiempos, pero que, habiendo sido creado, no era Dios mismo.
Este fue el primer concilio general de la historia de la Iglesia cristiana, a excepción del llamado concilio de Jerusalén del siglo I, que había reunido a Pablo de Tarso y sus colaboradores más allegados con los apóstoles de Jerusalén encabezados por Santiago el Justo y Pedro.
El Concilio
Aunque todos los obispos cristianos del Imperio fueron formalmente convocados a reunirse en Nicea, en realidad asistieron alrededor de 300 (según san Atanasio), o quizá un número ligeramente inferior. La mayoría de los obispos eran orientales, si bien participaron también dos representantes del Papa Silvestre. El concilio fue presidido por Osio de Córdoba. También estuvo presente Arrio y algunos pocos defensores de sus posiciones teológicas. La posición contraria a Arrio fue defendida, entre otros, por Alejandro de Alejandría y su joven colaborador, Atanasio.
Constantino, aunque simpatizaba con los cristianos, no se bautizó hasta que se hallaba en su lecho de muerte. Sin embargo, aparentemente ya se había convertido al cristianismo tras su victoria militar sobre Majencio en 312, ya que había invocado al Dios de los cristianos antes de la batalla. Por ello interpretó su victoria como indicio de la superioridad del Dios cristiano, aunque se guardó de compartir esta interpretación con sus tropas.
¿Qué papel desempeñó en el Concilio de Nicea aquel emperador no bautizado? La Encyclopædia Britannica relata: “Constantino mismo presidió y dirigió activamente las discusiones y personalmente propuso [...] la fórmula decisiva que expresaba la relación de Cristo con Dios en el credo que el concilio emitió, que es ‘consustancial con el Padre’ [...] Impresionados por el emperador, los obispos —con solo dos excepciones— firmaron el credo, aunque muchos de ellos no estaban muy inclinados a hacerlo”.

Por lo tanto, el papel de Constantino fue crítico. Después de dos meses de enconado debate religioso, Constantino inclinó finalmente la balanza a favor de los que decían que Jesús era Dios. Incluso la verdadera fecha de su nacimiento, fue modificada a una fecha PAGANA con influencias divinas egipcias-fenicias. “Básicamente, Constantino no entendía nada de las preguntas que se hacían en teología griega”, dice A Short History of Christian Doctrine (Breve historia de la doctrina cristiana). Lo que sí entendía era que aquella división religiosa era una amenaza para su imperio, y él quería fortalecer su dominio.

Consecuencias
Después de Nicea los debates sobre este asunto siguieron por décadas y el propio Constantino y sus sucesores fueron alternando su apoyo entre los arrianos y los partidarios de las resoluciones de Nicea. Finalmente, el emperador Teodosio estableció el credo del Concilio de Nicea como la norma para su dominio y convocó el Concilio de Constantinopla en 381 para aclarar la fórmula. Aquel concilio acordó colocar al Espíritu Santo en el mismo nivel de Dios y de Cristo y empezó a perfilarse la doctrina trinitaria. Sin embargo, ni siquiera después del Concilio de Constantinopla llegó la Trinidad a ser un credo extensamente aceptado. Algunos se oponían a él, y se atraían por ello violenta persecución. Solo en siglos posteriores fue formulada la Trinidad en credos fijos. La Encyclopedia Americana dice: “El desarrollo pleno del trinitarismo tuvo lugar en Occidente, en el escolasticismo de la Edad Media, cuando se quiso dar una explicación en términos filosóficos y psicológicos”.


*Para los que quieran escribirme, pueden hacerlo en:
delacruzmarin@gmail.com

martes, 15 de junio de 2010

El amor de Jesús en vida fue excepcionante....

Dedicado para tí.
El maestro me observó unos instantes. Después, en silencio, se inclinó sobre aquel burlado despojo humano y, con sumo tacto, fue quemando las mallas. Libre de las ataduras, me apresuré a incorporarme. Fue una situación embarazosa. Violenta. Incapaz de articular palabra, me limité a contemplarle. A pesar de haberle visto en el cenáculo, no podía dar crédito a lo que tenía ante mí. ¡Dios santo! No cabía duda: ¡Era Él! Lucía su habitual manto color vino, fajándole el fornido tórax, con aquella túnica blanca, de amplias mangas. ¡Qué difícil y apasionante reto para la ciencia y qué absurda posición la mía! ¡Yo, un científico, acababa de ser liberado de una red por un "HOMBRE" resucitado! Porque, evidentemente, se trataba de un ser vivo. Sostenía una antorcha, había abrasado parte de un aparejo de pesca y, en fin, allí estaba: ocupando un volumen en el espacio. ¿Cómo asimilar tamaña locura? Yo lo había visto morir. Había comprobado el rigor mortis. Había tocado su cadáver.... ¿Cómo era posible?
Adivinando tan tormentoso pensamientos, el Hombre aprximó la tea a su pecho. Y la luz bañó su alta y serena faz, arrancando destellos de entre los lacios y acaramelados cabellos que reposaban sobre los anchos y poderosos hombros. Su nariz prominente, la fina y partida barba y, sobre todo, aquellos rasgados, intensos e infinitos ojos color miel, eran los de Jesús de Nazaret. La proximidad del fuego hirió sus pupilas. En un movimiento reflejo, las largas pestañas descendieron una y otra vez. Aquel parpadeo, absolutamente natural, no podía ser fruto de mi imaginación. Y el Hombre, con aquella dulce y acogedora sonrisa que tanto me impresionaba, habló al fin. Su voz grave, inconfundible, me estremeció.
- No te preocupes del cómo. En todo caso, mi querido y asustado Jasón, pregúntate porqué.....
Y girando sobre sus talones, reemprendió el regreso hacia la hoguera. Aturdido, salí tras él, uniéndome a sus largas zancadas. En mi mente empezaban a agolparse mil y una preguntas. Pero, torpe, tímido y avergonzado por mi reciente huida, no fui capaz de agradecer su ayuda. Continué a su lado, caminando como un autómata e intentando poner en orden mi bloqueado cerebro.
Al rodear una de las lanchas varadas, a pesar de la iluminación de la antorcha, volví a tropezar. Juro por lo más sagrado que no fue premeditado. E instintivamente me sujeté a su brazo derecho. Jesús se detuvo. Flexionó el antebrazo y tensó los músculos en una simple y pura reacción de ayuda, evitando así que me desplomara sobre los guijarros. Al aferrarme a él pude percibir bajo la túnica la pétrea masa del bíceps branquial y del supinador largo, rígidos por el momentáneo esfuerzo. "AQUELLO", obviamente, no era un fantasma....
Juan Marcos continuaba dormido. Y el Resucitado, tras acariciar los revueltos cabellos del benjamín, fue a sentarse junto al fuego, de cara al lago. Yo, sin poder sacudirme aquella pastosa sensación de irrealidad, permanecí unos instantes de pie, contemplando como un bobo el haz de troncos y ramas de conífera que yacía a un metro de la palpitante hoguera. Finalmente, con un nudo en la garganta, obedecí a mi corazón y le imité, sentándome a su lado. Tenía la vista perdida en las lejanas luces del yam. Parecía esperar. Durante un tiempo - ¿qué podían significar los minutos en aquella situación?- no me atreví a interrumpir sus pensamientos. Flexionó sus piernas. Las abrazó con sus largos brazos y, descansando el mentón sobre las rodillas, suspiró profundamente. A renglón seguido, fijando su mirada en mi, exclamó:
- ¡Gracias por vuestros sacrificios!
Atónito, le miré de hito en hito. Sonrió con una leve sombra de amargura y, comprendiendo mi perplejidad, añadió:
- Sabes bien a qué me refiero. Vuestra decisión de conocer la verdadera historia del Hijo del Hombre no es fruto del azar. Éstos - y su mano izquierda señaló hacia las embarcaciones del yam-, mis pequeñuelos de hoy, terminarán por alterar involuntariamente mi mensaje....
Estúpido de mí, en lugar de permitirle que ahondara en tales reflexiones, me decidí a intervenir, interrumpiéndole:
- Maestro, yo soy un científico. ¿Cómo puedo comprender y transmitir tu resurección? Tú estabas muerto...
Jesús cedió benévolo a mis requerimientos. Levantó el rostro hacia las estrellas y, a media voz, comentó rotundo:
- Hay realidades que difícilmente podrán ser probadas por la ciencia o por las deducciones de la razón pura. Nadie puede concebir esas verdades mientras permanezca en el reino de la experiencia humana. Cuando hayáis acabado aquí abajo, cuando el polvo que forma el tabernáculo mortal sea devuelto a la tierra de donde procede, entonces, sólo entonces, el Espíritu que os habita retornará al Dios que os lo ha regalado y tu pregunta quedará plenamente satisfecha.
- Entonces- insistí sin ocultar mi incredulidad-, ¿Es cierto que la muerte es sólo un paso?
- Tan natural y obligado como la calma que sucede a la tempestad.
- Pero los hombres de ciencia no creen...
Esta vez fue Él quien se adelantó a mi exposición.
- La correa de hierro de la verdad, que vosotros calificáis de invariable, os mantiene ciegos en un círculo vicioso. Técnicamente se puede tener razón en los hechos y, sin embargo, estar eternamente equivocados en la Verdad.
Y, dibujando una inmensa sonrisa, añadió:
- ... Yo soy la Verdad. Me has tocado y ahora me ves y escuchas mis palabras. ¿Porqué sigues dudando? El hecho de que no lo comprendas no significa que esa realidad superior sea una quimera o el fruto de unas mentes visionarias.
Cuando llegue tu hora, mis ángeles resucitadores te despertarán en un mundo que ni siquiera puedes intuir...
- ¿Tus ángeles resucitadores?
El Maestro apuntó hacia las estrellas. Creí comprenderle.
- Tú, querido amigo- comentó sin dejar de observar el brillante firmamento-, a tu manera, ya respondiste a esa cuestión: en mi reino hay muchas moradas.... Y una de ellas es paso obligado para los mortales que proceden de los mundos evolucionarios del tiempo y del espacio.
- Y tú, ¿también has sido resucitado?
- No, hijo mío- su voz se llenó de ternura-. Acabo de decirte que yo soy la Vida. Mis ángeles, no a petición mía, sólo han dispuesto de mi envoltura carnal. Pero el poder de resucitar en el Espíritu es un don que sólo debo al Padre. Algún día, cuando pases al otro lado, lo comprenderás.
- Disculpa mi torpeza.
El Maestro me envolvió en su cálida mirada, animándome a proseguir:
- Si no he entendido mal, ninguno de los seres humanos tiene el poder de autorresucitarse...
- Así es. Sin embargo podéis disfrutar de la esperanza de que nadie, nadie, puede perder ese derecho. Todos, como yo lo he he hecho, despertaréis a una vida que sólo es el principio de una larga carrera hacia el Paraíso. Una continuada ascención hacia el Padre Universal. Un "viaje"... sin retorno.
Las palabras de Jesús - rotundas - no dejaban el menor resquicio a la duda.

- ¿Qué quieres decir con eso de que tus ángeles sólo han dispuesto de tu envoltura carnal? - Te lo he dicho, pero, en tu perplejidad, no escuchas mis palabras...
Lo reconozco. Su "presencia" me tenía transtornado. Mi limitada inteligencia no hacía otra cosa que dar vueltas en torno a la realidad física de aquel cuerpo,surgido de la "nada". Supongo que, en el fondo, era inevitable y hasta lógico. No era tan sencillo sentarse junto a un "resucitado" y dialogar como si tal cosa...
-... ¡Yo soy la vida! En verdad te digo que ninguna de mis criaturas puede devolverme lo que es mío y que sólo comparto con mi Padre. Mis discípulos, y la mayoría de los hombres de los tiempos venideros, han asociado y asociarán la maravillosa realidad de la vuelta a la vida eterna y espiritual con la mera desaparición de esa envoltura carnal ha sido un fenómeno posterior a mi verdadera resurección. Un fenómeno necesario, fruto del poder de mis ángeles. Con el paso del tiempo - rememorando estas frases del Maestro- creo haber llegado a intuir su significado. La desaparición del cadáver era del todo necesaria y conveniente. Por un lado, de no haber sido así, los judíos no se habrían planteado siquiera la posibilidad de un Cristo resucitado. Y, como dice Pablo, "nuestra fe sería vana". Por otro, los restos mortales del Hijo del Hombre habrían terminado por convertirse en un motivo de lógica veneración por parte de sus seguidores, con los riesgos de una casi idolatría, o enfermiza adoración, totalmente contrarios al mensaje del rabí.
- ¿Desintegración? Todo el mundo piensa que la desaparición del cuerpo fue un milagro...
Durante unos instantes siguió con la mirada fija en la mágica danza de las llamas. Pensé incluso que no me había oído.
- A ti sí puedo decírtelo - susurró al fin -. Los milagros, tal y como los conciben muchos seres humanos, no existen. El poder de mi Padre es tan inmenso que no necesita alterar el orden de lo creado. El verdadero milagro es vuestra ciega creencia en los milagros.
- Sigo sin entender. Ese cadáver se esfumó...
Jesús sonrió, llenándome de confianza.
-¿Es que tus ángeles conocen una técnica...?
- Tú lo has dicho. Pero, al igual que ocurre con vuestro código moral, el de esas criaturas a mis órdenes tampoco debe ser violado. Sé que lo comprendes. No es el lugar ni el momento para hacerlo.
- Disculpa mi curiosidad. ¿Tiene esa "técnica" algo que ver con la manipulación del tiempo que nosotros mismos estamos utilizando?
La sonrisa se acentuó. Fue la mejor de las respuestas. Y con un cálido tono de reproche añadió:
- ¿Cuándo comprendereís que el tiempo es sólo la imagen en movimiento de la eternidad? ¿Cuánto más necesitaréis para considerar que el espacio es sólo la sombra fugitiva de las realidades del Paraíso? Os enorgulleceís de vuestros hallazgos y pensáis que la Verdad absoluta está a vuestro alcance. No comprendeís que sois como niños recién llegados a un orden inmensamente viejo e inconcebiblemente sabio.
- Y tú, Maestro, ¿qué lugar ocupas en ese "orden"?
- Soy un Hijo Creador.
Negué con la cabeza, dándole a entender que no podía seguirle.
- No pretendas atrapar lo que todavía es invisible a tus ojos de mortal. Te bastará la fe enla existencia del Padre. Muchas de mis criaturas, a pesar de haber traspasado la barrera de la muerte, tampoco están preparadas para enfrentarse, cara a cara, a la luz cegadora del Padre universal.
Un torrente de preguntas empezaba a encharcar mi corazón. ¿El Padre? ¿La muerte? ¿Aquellas otras criaturas?....
- ¡Todo parece tan sencillo!.... Hablas de la muerte sin miedo... Sin embargo, nosotros...
- Vosotros os empeñaís en apagar la "luz" que late en cada uno de los corazones y que fue depositada ahí, precisamente para vencer el miedo. Si los hombres escucharan su propia voz, nadie temería ese paso. ¿Por qué crees que he vuelto?
No me dejó responder.

ESTA HISTORIA CONTINUARA
Copiado del LIBRO titulado "SAIDAN CABALLO DE TROYA 3" Edc. 1996 Editorial Planeta, del investigador español J.J. Benítez.
Pueden escribirme a: delacruzmarin@gmail.com

sábado, 12 de junio de 2010

la vida de Jesús en vida fue excepcionante PART II.

CONTINUACIÓN: -parte final del texto.
-.... Es preciso que unos pocos me vean ahora para qie otros muchos crean y aprendan a mirar hacia sí mismos. La muerte, hijo mío, es sólo una puerta. No temáis cruzarla.
- Algunos seres humanos - esbocé con dificultad- temen más la incógnita del "después" de la muerte que al hecho físico de la misma...
- Ésos - se apresuró a intervenir-, en el escandaloso tronar de sus dudas, silencian la íntima y sabia "voz" de sus conciencias. Dejad que sea ella quien os guíe. Todo, en la creación de mi Padre, está meticulosa y misericordiosamente dispuesto para vuestro bien. Nadie muere. Nada muere. Todo es un continuo progreso hacia el Paraíso. Y ni siquiera ése es el fin...
- Pero las religiones y algunas Iglesias predican la salvación y la condenación...
Fue la única vez que su rostro se endureció.
- No midas a nuestro Padre Universal con la vara de los hombres. Ni confundas la religión de la autoridad con la del espíritu. Algún día, todos los mortales comprenderán que sólo la carrera de la experiencia y de la búsqueda personal es digna de la "chispa" divina que os alimenta a cada uno de vosotros. Hasta que las razas no evolucionen, el mundo asistirá a esas ceremonias religiosas, infantiles y supersticiosas, tan características de los pueblos primitivos. Hasta que la Humanidad no alcance un nivel superior, reconociendo así las realidades de la experiencia espiritual, muchos hombres y mujeres preferirán las religiones autoritarias, que sólo exigen el asentimiento intelectual. Estas religiones de la mente, apoyadas en la autoridad de las tradiciones religiosas, ofrecen un cómodo cobijo a las almas confusas o asaltadas por las dudas y la incertidumbre. El precio a pagar por esa falsa y siempre provisional seguridad es el fiel pasivo asentimiento intelectual a "sus" verdades. Durante muchas generaciones, la Tierra acogerá a mortales tímidos, temerosos y vacilantes que preferirán ese tipo de "pacto". Y yo te digo que, al unir sus destinos al de las religiones de la autoridad, podrán en peligro la sagrada soberanía de sus personalidades, renunciando al derecho a participar en la más apasionante y vivificante de todas las experiencias humanas: la búsqueda personal de la Verdad y todo lo que ello significa....
- ¿Y qué representa esa "busqueda personal"?
Aquel increíble Hombre abrió sus brazos y, mostrándome las luces del lago, la infinita belleza del firmamento y el crepitar del fuego, sentenció vibrante:
- ¿Y tú, embarcado en esta apasionante aventura, me lo preguntas? ¿Qué me dices de la alegría y de las emociones que conllevan vuestros descubrimientos? ¿No han merecido la pena?
Guardé silencio. Una vez más estaba en lo cierto.
-... Los descubrimientos intelectuales, amigo mío, constituyen siempre una "aventura" y un riesgo. Pero sólo los audaces, los que obedecen a su propio "yo", están capacitados para enfrentarse a ello. Sólo ésos, los auténticos "buscadores" de la Verdad, saben explorar con resolución y sin miedo las realidades de la experiencia religiosa personal. ¡Tú mismo y tu hermano estáis experimentando la suprema satisfacción del triunfo de la fe sobre las dudas intelectuales!
Ahora, con el beneficio del tiempo y de la perspectiva, aquella extrañeza mía me parece ridícula. Aferrado aún al duro lastre de lo material, la directa alusión a Eliseo- y a la familiar fórmula con que vengo definiéndolo: mi hermano - me dejó perplejo. El "poder" de aquel Ser, sencillamente, era absoluto.
-... Y estas victorias, único objetivo de la existencia humana, sólo conducen a un fin: la búsqueda personal de Dios. En verdad, en verdad te digo que todo hombre que se empeñe en esa suprema aventura encontrará a mi padre, incluso en el desaliento de las dudas. La religión del espíritu significa lucha, conflicto, esfuerzo, amor, fidelidad y progreso. La dogmática, por el contrario, sólo exige de sus fieles una parte ínfima de ese esfuerzo. No olvides, Jasón, que la tradición es un sendero fácil y un refugio seguro para las almas tibias y temerosas, incapaces de afrontar las duras luchas del espíritu y de la incertidumbre. Los hombres de fe viajan siempre por los difíciles océanos, a la búsqueda de nuevos horizontes. Los sumisos se limitan a costear o fondean sus inquietudes al abrigo de puertos limitados, impropios de "navíos" que han sido hechos para audaces y lejanas singladuras.
- Esas palabras- repliqué sin poder contenerme-, en "mi tiempo", te llevarían de nuevo a la muerte....
- No olvides que mi paso por el mundo será motivo de división y enfrentamiento...
De nuevo le interrumpí:
- Dime: ¿qué debe hacer un hombre que desea encontrar la Verdad?
- ¿Tú tampoco has comprendido mi mensaje?
Una ola de verguenza me hizo bajar los ojos. Pero aquel Hombre, al punto, pasando su brazo izquierdo sobre mis hombros, me obligó a sostener su mirada. El contacto de aquella mano, aferrada con firmeza a mi hombro, fue como una sacudida eléctrica.
- Confiar en nuestro Padre. Sólo eso. Cada amanecer, cada momento de tu vida, ponte en sus manos. Lucha por la fraternidad entre los humanos. Lucha por la tolerancia y por la justicia. Lucha por los débiles. Él se encargará del resto.
- ¡El Padre!- exclamé contagiado de su entusiasmo-.
¡Debe de ser un gran tipo!
Mi prosaica definición hizo reír al Hombre. Sus reacciones, como iría verificando, eran tan "humanas" y naturales como las de cualquier mortal. ¡Era para volverse loco! Y tomando un puñado de arena extendió su mano, mostrándome el negro granulado.
- ¡Es tan inmenso - replicó lenta y pausadamente - que mide los mares en el hueco de su mano y los universos en la distancia de un palmo! Es Él quien está sentado en la órbita de la Tierra. Él quien extiende los cielos como un manto y los ordena para que sean habitados. Pero no te confundas: Dios es un mero símbolo verbal, que designa todas las personalidades de la deidad...
Jesús tomó mi mano derecha y, trasvasando la arena a mi palma, insistió en algo que ya había comentado:
- Nunca olvides que una parte de ese Dios, de nuestro Padre, entró en ti hace muchos años.
- ¿Cuándo?
- Digamos, para simplificar, que en el momento en que tomaste tu primera decisión moral.
- Entonces, ¿yo soy Dios?
- Tú lo has dicho. Y a partir de hoy, búscate en lo más íntimo de tu alma.
La curiosidad me consumía. Y dejándome llevar del más infantil de los impulsos, le solté a bocajarro:
- ¿Cómo te llamas?
El Resucitado no eludió la cuestión. Él sabía que no estaba refiriéndome a su nombre en la Tierra. Me observó con picardía y, dirigiendo su dedo índice izquierdo hacía las estrellas, exclamo:
- En mi reino, mis criaturas me conocen por Micael.
- ¿Y por qué no adoptaste ese mismo nombre en la Tierra?
El Maestro parecía disfrutar con aquellas pueriles preguntas. Sonrió de nuevo y la blanca y perfecta dentadura se iluminó con el resplandor de las llamas.- Al principio, por expreso deseo mío, ni yo mismo fui consciente de quíen era aquel joven de Nazaret. Así lo exigía mi experiencia entre los humanos evolucioanrios del tiempo y del espacio. Sólo unos pocos, muy allegados a Micael, supieron de este secreto y lo guardaron celosamente. No salía de mi asombro. ¡Dios santo! ¡Era tanto lo que ignoraba sobre aquel Hombre!....
-.... Mi nombre en la Tierra tenía que ser otro. ¿Satisfecho?
- Entonces tú, durante tu infancia y juventud, nunca supiste....
Negó con la cabeza.
- ¿Y cuándo?
- Eso querido Jasón - replicó divertido-, es algo que deberéis descubrir por vosotros mismos..., en su momento. Ahora los sé. Entonces no lo intuí siquiera. Jesús de Nazaret se refería a nuestra tercera y fascinante "aventura" en la que, en efecto, tendríamos la formidable oportunidad de conocer los "detalles" de tan decisivo "cambio" en la personalidad del Hijo del Hombre.
- ¿Por qué hablas de "mi experiencia entre los humanos"?
- ¿Y qué otra cosa puedo decir?
Insistí perplejo.
- ¿Experiencia? ¿Sólo eso?
- Según tú - preguntó a su vez-, ¿cómo debería calificarla?
- De derroche - me vacié sin darle tiempo a replicar-, Un derroche, si me lo permites, innecesario y, a juzgar por los resultados próximos y "futuros", catastrófico.
- El Soberano Creador de este universo - intervino, olvidando por un momento su acogedora sonrisa - también hace la voluntad del Padre. Una vez satisfecha mi sed de conocimiento de los humanos, pude abandonar el mundo y recibir del Padre Universal el definitivo reconocimiento de mi soberanía. Pero, como te digo, no era ésa la voluntad del Padre.
Estas palabras me resultaron confusas. Enigmáticas. ¿Desde cuándo un Creador necesita convivir con sus criaturas? ¿Qué podía aprender en un mundo como éste? ¿A qué tipo de "experiencia" se refería? ¿Qué era aquello del "definitivo reconocimiento de su soberanía"?
- ¿Quieres decir - le interrogué sin saber por dónde empezar- que el Padre ha podido desear para ti una muerte tan cruel y sanguinaria?
Se puso en pie. Tras los cerros de Kursi e Hipos empezaba a clarear. Las antorchas seguían oscilando en el lago. Arrojó un haz de leña a la hoguera y, conunleve gesto de su cabeza, me invitó a caminar con él. Tomó la dirección de la desembocadura del Jordán y, despacio, nos alejamos del pequeño Juan Marcos. Durante algunos metros no dijo nada. Llegué a pensar que había olvidado mi pregunta. De pronto, con especial énfasis, habló así:
- Antes de mi encarnación en la Tierra, los hombres podían creer en un Dios colérico, sediento de justicia. Su ignorancia era perdonable. Ahora les he revelado a un Padre misericordioso que sólo conoce la palabra amor. ¿Crees entonces que un Padre puede desear esa muerte a su hijo? Su voluntad era que permaneciera en vuestro mundo hasta el final y que apurase la copa que todos los mortales, por su naturaleza, han bebido y beberán. Si he compartido la muerte ha sido para demostraros que la fe en Dios nunca es estéril. Sé que, a pesar de mis palabras, muchos deformarán el sentido de mi muerte en la cruz. Yo no he venido al mundo para saldar una supuesta vieja cuenta de los hombres para con Dios...
Me detuve. Y Jesús, adivinando mi sorpresa, añadió:
- Sé lo que estás pensando. Te equivocas y se equivocan quienes así lo creen. El Padre celestial no puede concebir jamás la grave injusticia de condenar a una alma por los errores de sus antepasados.
- Entonces, esas ideas de los cristianos sobre la redención por la cruz...
El Maestro posó sus manos sobre mis hombros, transmitiéndome su comprensión.
- La tendencia al vicio puede ser hereditaria. El pecado, en cambio, no se transmite de padres a hijos. El pecado es un acto consciente y deliberado de rebeldía contra la voluntad de nuestro Padre universal y contra las leyes del Hijo. Toda idea de rescate o expiación, por tanto, es incompatible con el concepto de Dios. El amor infinito de nuestro Padre ocupa el primer puesto dentro de la naturaleza divina. En verdad te digo, Jasón, que el sentido de salvación por el sacrificio está arraigado en el egoísmo. Yo he predicado que la vida de servicio es el concepto más elevado de la fraternidad entre los creyentes. Y te diré más: la salvación es creer en la paternidad de Dios. La mayor preocupación de los fieles del reino no deberían ser su deseo egoísta de salvación personal. Sólo la necesidad de amar a sus semejantes por encima de sí mismos. Los auténticos creyentes no se preocupan del posible y futuro castigo a sus errores. Se interesan tan sólo por el restablecimiento del contacto con Dios. Ciertamente, un padre puede castigar a sus hijos, pero lo hace por amor y con un fin y un sentido puramente disciplinarios.
- Luego, hay un castigo futuro...
- No como tú lo imaginas. Nuestro Padre es amor. Y el amor es contagioso y eternamente creador. ¿Crees que no existen otros medios mejores que el castigo para corregir los errores de las limitadas criaturas mortales? Antes de que yo viniera a este mundo (incluso aunque no lo hubiera hecho), todos los mortales del reino disponían ya de la salvación. Nuestro Padre, te lo repito, no es un monarca ofendido, severo e implacable, cuyo principal placer consiste en detectar y perseguir a las criaturas que obran en la oscuridad o en el pecado. La sola idea de un rescate o expiación colocaría a la salvación en un plano de irrealidad. Este concepto es puramente filosófico. La salvación humana es innegable y basada en dos únicos principios: Dios es nuestro Padre y, consecuentemente, todos los hombres son hermanos.
Me costaba aceptar tan hermosa utopía. Y sin disimular mi escepticismo le pregunté:
- ¿Cuándo ocurrirá eso? ¿Cuándo desaparecerán la maldad y la injusticia?
- Sólo hay un camino: el amor. El amor disuelve el pecado y las debilidades. ¡Ama a tus semejantes, Jasón! ¡Ámalos en la penuria y en la riqueza! ¡Ámalos aun cuando creas que están equivocados! ¡Ámalos, sencillamente!.
Supongo que perdí la noción del tiempo. Escucharle era mucho más que aprender: era vivir, sentir y palpar una nueva realidad. Una realidad que yo ignoraba.
Y con las primeras claridades retornamos junto a la fogata. Juan Marcos había desaparecido.
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